Leibniz y la ontología de "la red".

Jahir Navalles Gómez, Estudiante de la Maestría en Psicología Social, Facultad de Psicología, Universidad Autónoma de Querétaro, México.  

E-mail: jahirn@hotmail.com

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Acontecimiento: éxodo al pliegue

El acceso a la ‘ontología de la red’ proviene de la expansión gradual, y a la vez irruptiva de los significados que se van disponiendo, siendo engarzados, entremezclados, de alguna manera hibridizados (Doménech, 1998),  en constante yuxtaposición de sentidos, de signos y símbolos como entidades en transgresión. Lo que se destila de la ‘ontología de la red’ son relatos y configuraciones continuas de significados en constante reconstrucción. Luego entonces, la ‘ontología de la red’  deviene acontecimiento.

Un acontecimiento,  a decir de la etimología es un derivado de ‘acontecer’, y significa, de manera paralela, una “contingencia”, es decir ‘algo que puede o no suceder’ (Corominas, 1961, p. 25), asimismo, es algo que también puede “ser o no ser contado” (Tirado y Mora, 2004). Un acontecimiento bien puede también referirse como el punto nodal a partir del cual se desprenden diversas clases de descripciones y de reinterpretaciones de un mismo suceso. Un acontecimiento es un inicio.

Y que como todo buen principio lo que hace es facilitar la sistematización del conocimiento, es un apartado a favor de la homogeneidad que se desprendería de tal o cual reflexión, es, en un primer instante, la alusión exacta para poder abordar lo desconocido, luego entonces es un referente que permite conciliar la distancia con respecto a aquello que se pretendería abordar.

Pero también es un desenlace, el final del relato, de la descripción sujeta a cambio, y a partir de las diversas modificaciones que surgen o se postulan en el sendero, otras tantas más se consolidan y se disputan la resignificación del sentido en exposición.

Sin embargo, a partir de esa otrora definición inicial y de las bifurcaciones que se exhiben hacia el final, surge un colofón, un entre (Serres, 1994) que magnifica y minimiza paralelamente la re-configuración, etimológicamente “forma o manera de ser” (Corominas, 1961, p. 272), a la vez que sustenta nuevas formas tanto de descripción de realidades como de interpretaciones alternativas y complementarias de esa primera versión o aproximación, condicionando certezas y postulándose igualmente veraces a lo dicho, a lo visto. De tal manera que un acontecimiento es irremediablemente un interludio  en el abordaje del conocimiento para reconfigurar al conocimiento (Harré, 2000).

Siendo ese el baluarte a partir del cual, la noción de “red” aglutina y entrelaza saberes, conciliándolo con –y siendo esto un ejercicio tautológico- lo que el Diccionario de la Real Academia de Española (DRAE) señala, esto es, como un ‘conjunto de elementos organizados para tal fin’, idea que coloquialmente ha asumido “ LA RED ”, dotándose  de las más diversas informaciones que se entrecruzan, se complementan y se confrontan unas a otras, implantándose, sugiriéndose e imponiéndose como saberes ya no inciertos sino igualmente valederos para dar razón de tal o en cual contexto. La RED entonces deviene acontecimiento y escaparate de los mismos, asimismo al ser acontecimiento con-figura, y se exhibe como confluencias de “puntos de vista”, así es como Deleuze bien puede sugerirlo: “No es exactamente un punto, sino un lugar, una posición, un sitio, un ‘foco lineal’, línea que surge entre líneas” (1988, p. 31).

Siendo que se modifica el saber y el propio conocimiento en el constante re-posicionamiento, ya que se da una transgresión con respecto a lo que se sabía y lo que ahora –e involucrado en ello- se sabe, ahora se complementan los significados dispuestos y asimilados de tal o cual manera, luego entonces “El punto de vista sobre la variación sustituye al centro de una figura o de una configuración” (Deleuze, 1988, p. 32).

Estos presupuestos no auguran o confirman lo dicho, ya que el ‘punto de vista’ no es lo que comúnmente se entiende como aquello que se puede “ver” o remontar, por el contrario es la carga que lo sustenta, el trasfondo que permite la transgresión de conocimientos, el saber que se acumula o se dispersa, “dudamos en decir que lo visible está en el punto de vista” (p. 34). Así en palabras del citado autor:

 

“Aquello en lo que la inclusión se hace, y no cesa de hacerse, o aquello que incluye en el sentido de lo acabado, no es el sitio o el lugar, no es el punto de vista, sino lo que se instala en el punto de vista, lo que ocupa el punto de vista, y sin lo cual el punto de vista no sería tal” (Deleuze, 1988, p. 35).

 

El punto de vista es acontecimiento, es una configuración constante de significados y como tal se sustenta en la inclusión y la inflexión, y todo ello no es sino el devenir del pliegue, es decir, “lo que está plegado es lo incluido, lo inherente” (p. 34); se reconoce por tanto en una entidad que consolida el conocimiento, que con-figura escenarios, que irrumpe sentidos y transgrede significados, e consecuencia bien puede asumirse como un ‘cuasi-objeto’, y que a decir de Doménech navega en la indefinición, “un cuasi-objeto no se puede encuadrar en ninguna categoría usual puesto que es, a la vez, natural, social y discursivo” (Doménech, 1998, p. 37),  ya que no se aborda a partir de definiciones sólidas sino a partir de descripciones en flujo (Serres, 1994).

Así las cosas, la ‘ontología de la red’ se sustenta, a partir de la noción del “pliegue”, y no en la idea dualista cartesiana propuesta para “abordar” el conocimiento, sino que se configura a partir de otros presupuestos ontológicos, donde la inclusión, el acontecimiento y el ‘plegar-desplegar’ se sugieren como baluartes en la “exploración” de saberes. El “punto de partida” entonces lo daría otro autor, desdeñado por cierto (Harré, 2000, p. 261) o tildado de “esotérico” (Cassirer, 1932, p. 50), pero no por ello enriquecedor en su propuesta ontológica. Así, sirva lo que Gilles Deleuze dice –vale la pena citarlo in extenso- como un preludio hacia la ‘ontología de la red’:

 

“Sabemos qué nombre dará Leibniz al alma o al sujeto como punto metafísico: mónada. Este nombre lo toma prestado de los neoplatónicos, que lo utilizaban para designar un estado de lo Uno: la unidad en la medida que envuelve una multiplicidad, multiplicidad que desarrolla lo Uno a la manera de una ‘serie’. Más exactamente, lo Uno tiene una potencia de envolvimiento y de desarrollo, mientras que lo múltiple es inseparable de los pliegues que hace cuando está envuelto y de los despliegues que hace cuando está desarrollado” (1988, p. 36);

 

Cohesión y disolución, parte y todo, individuo y universo confluyen en la mónada, planos, flujos y trayectorias se proponen como los ejes desde los cuales comprenderla, “tránsitos” diría Serres (1994), a  partir de los cuales se postula una forma diferente de razonamiento, y que a decir de Rom Harré implica: “la idea de una plétora de mundos posibles y –que- procedamos paso a paso con el fin de reducirlos a uno solo” (2000, p. 244). Conlleva la configuración de “verdades” y de maneras para llegar a ellas, así en palabras del propio Leibniz: “Cuando una verdad es necesaria, se puede hallar su razonamiento por medio de análisis, resolviéndola en ideas y verdades más simples” (1742, p. 36), complementándolo así: “la resolución en razones particulares podría llegar a un detalle sin límites” (p. 37).

 

Lo Uno y lo Múltiple

En palabras de Deleuze: “Explicar-implicar-complicar forman la tríada del pliegue, según las relaciones de lo Uno-múltiple” (1988, p. 36). La configuración del pliegue se realiza como un emplazamiento complejo cuya tendencia es hacia la infinitud, en el entrelazamiento y en las diversas yuxtaposiciones de significados que se confrontan creando así la ‘unidad del mundo’, “la mónada susbsiste y ‘es’ tan sólo en la medida en que actúa y su actividad consiste en pasar constantemente a nuevos estados y a desplegarlos, sin cesar, de sí misma” (Cassirer, 1932, p. 46). La implicación a partir de los pliegues es una que pugna por la diversidad de contenidos y de resignificaciones constantes, y para llegar a ello no es necesario detenerse para reflexionar sobre lo expuesto, ya que el ejercicio versa hacia lo contrario, es decir, es permanecer en el trayecto, en la búsqueda, en el “tránsito”, por ello no es nada extraño que la forma para poder realizar y describir éste emplazamiento sea en el trasfondo de una razón cartográfica (Serres, 1994).

Algo que hay que esclarecer es que la actividad que se realiza no es un mero recapitular, mucho menos un recuento, ni menos aún, exponerse como un hacinamiento de información, es una ‘conexión’ cuya tendencia es la resignificación de la comunicación. “Ser en el devenir” (Cassirer, 1932, p. 46), eso es continuidad. Acontecimiento entonces sugiere ‘lo Uno y lo múltiple’, y el sendero a seguir en el pliegue, permaneciendo así en la multiplicidad. En consecuencia, el devenir lo que hace es configurar una entidad, y, como dijera Michel Serres: “En él, el ser se expande” (1994, p. 12).

 

Cálculo infinitesimal versión pixeles

El universo y el individuo confluyen en esa entidad, devienen la entidad, asimilándose en la profundidad de signos y símbolos, y reconociéndose a partir de la resignificación del sentido expuesto. La ‘ontología de la red’ se sobrexpone a partir de lo que Leibniz expuso en el cálculo infinitesimal, cuestión que, en palabras de Serres (1994, p. 46), podría ser expuesto así: “Lo liso se desvanece ante la multiplicidad de los pliegues”, y que Harré podría complementar ésta argumentación con tintes leibnizianos de la siguiente manera: “… cualquier enunciado sobre un individuo podría elaborarse indefinidamente” (2000, p. 34).

Involucrarse en la dinámica social que ‘la red’ expande conlleva el implicarse en ese ejercicio, a través del rastreo y de la búsqueda constante de re-significaciones, cabría así preguntarse de forma somera –sea para configurar la dinámica a seguir- ¿De cuántos pixeles quieres tu imagen?, ¿cuántos links describen la profundidad de tu búsqueda?, en contraste con el ¿qué tan grandilocuente debe ser un argumento?, así se da la implicación y se describe el trasfondo de la ontología, ya que con cada alusión hacia cierta temática se despliega en una infinidad de significados que confluyen con la finalidad de hacer explícito el sentido expuesto en la búsqueda. Luego entonces no se da ese claro distanciamiento entre “el observador” y “lo observado”, entre “sujeto” y “objeto”, entre “el conocedor” y “lo conocido”, ya que los dos confluyen en una misma entidad en continuidad re-configurada, existe porque se exhibe y se trastoca, permanece porque cada extracto es un mundo de significados, es inicio porque irrumpe sentidos, y es transgresora porque siempre se le agregan –con tendencia a confrontar- silogismos, aforismos, metonimias, que redefinen realidades supuestas, válidas todas ellas ya que, como diría Serres, se trata de ‘almacenar existencias’, a partir de lo cual “la humanidad construye el universo construyéndose por él” (1994, p. 123).

Tránsito inercial

Es entonces que deviene aproximación metodológica, y se con-figura a partir del ‘tránsito’ (Serres, 1994), de lo ‘transitivo’ (Virilio, 1997), de la no pasividad confrontada con los significantes en ‘tiempo real’ (Virilio, 1998). Irrumpiendo sentidos a partir de las encrucijadas informáticas, que también prescriben y diluyen acontecimientos. El tránsito se sugiere como acto inercial porque es continuo, porque su consigna es la exploración de espacios y redes de comunicación, de reelaborar significados a partir de los contrasentidos. Se expone un rompimiento con la asunción cartesiana con tendencia a la impavidez, siendo en exclusiva sólo observador, simplemente observando, informándose, y no comunicando, la sugerencia expuesta es que eso se realiza a partir del tránsito, redimiéndose al ser ‘visita’, y de acuerdo con Michel Serres: “…para unificar una globalidad homogénea, tienen que moverse caóticamente –a partir de- múltiples pequeños lugares diversos” (1994, p. 100).

Lo ‘transitivo’ confronta lo inerte del ‘estar ahí’ frente al artefacto, eso queda rebasado, porque se revela la implicación a partir de los entrecruces, de la rarezas en la información, en la acumulación de datos y el despliegue de universos, asimismo la certeza o ‘lo verdadero’ de lo dicho o de lo expuesto se conserva o se vuelve fútil a partir de la circulación.

La ‘ontología de la red’ se sugiere como una aproximación diferente a las alusiones contemporáneas, donde se redime la distancia propiamente ontológica del conocimiento (“eso es el objeto y yo soy el sujeto”), y a partir de estas presuposiciones la transgresión es justificable, porque permite la ‘inflexión’ (Deleuze, 1998) misma del conocimiento, de la comunicación recíproca de significados, del flujo de re-significaciones, ya que en el devenir, pliegue tras pliegue, acontecimiento entre acontecimiento, es donde el conocimiento mismo se va configurando.

REFERENCIAS:

Cassirer, E. (1932). La Filosofía de la Ilustración. México , FCE. 1984.

Corominas, J. (1961). Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana. Madrid, Gredos. 2003.

Deleuze, G. (1988). El Pliegue. Leibniz y el barroco. Barcelona, Paidós. 1989. 

Domènech, Miquel (1998). El problema de ‘lo social’ en la psicología social. Algunas consideraciones desde la sociología del conocimiento científico. Anthropos, 177, págs. 34-39.

Harré, R. (2000). 1000 Años de Filosofía. México, Taurus. 2005.

Leibniz, G. W. (1714). Monadología. Argentina, Aguilar. 1972.

Serres, M. (1994). Atlas. Madrid, Cátedra. 1995.

Tirado, F. J. y Mora, M. (2004). Cyborgs y Extituciones. Nuevas formas para lo social. Guadalajara, U de G.

Virilio, P. (1997). El Cibermundo, la política de lo peor. Madrid, Cátedra.

Virilio, P. (1998). La Máquina de Visión. Madrid, Cátedra. 

 

Si cita el Artículo por favor haga la siguiente Referencia:  

Navalles G., J. (2006) Leibniz y la ontologia de "la red". Memorias del Primer Encuentro Virtual Internacional de Psicólogos Navegantes. En http://www.conductitlan.net/encuentro/leibniz.html

 

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Última actualización 1 de febrero del 2007.