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UN INTENTO POR HACER UNA DESCRIPCIÓN NATURALISTA DE LAS
EMOCIONES (II) J.
R. Kantor, Psychological Review, 1921, 28, 120-140
Traducción resumida de Jaime Ernesto Vargas-Mendoza
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1. La Utilidad de la
Conducta Emocional.- Uno de los
efectos resultantes de la creciente influencia que ejercieron las teorías biológicas sobre la psicología de
la mitad del siglo pasado, fue la idea de que las emociones son definitivamente
reacciones que promueven la conservación del individuo. Cercanamente vinculada
a esta suposición está el carácter auto-preservativo de la conducta emocional,
con la idea de que las emociones son formas heredadas de respuesta. No debe
sorprendernos, entonces, el hecho de que
la doctrina utilitaria del comportamiento emocional sea más prescriptiva
que descriptiva y lleve, en su trayecto, a resultados llamativos. 2. Resulta enteramente posible que el más cuidadoso observador del
comportamiento emocional puede necesitar llegar a la conclusión que mucha de
esta actividad tenga que ser interpretada como adaptativa y útil. En
particular, este debería ser el caso cuando se trate de las secreciones
glandulares, que resultan tan prominentes en la conducta emocional. Aunque ¿Qué derecho tenemos para basar
nuestras conclusiones en un número limitado de características? ¿Son estas
útiles para las adaptaciones del organismo?
Y ¿Habrá algo en la naturaleza del acto psicológico que nos prohíba
considerar los reflejos glandulares como ocurrencias fortuitas en el patrón
complejo y total de respuestas? 3. Mayores indicativos de la invalidez de la teoría utilitaria
vienen a la superficie cuando consideramos que en las emociones culturales, las
funciones orgánicas no son tan prominentes y aparentemente no producen
secreciones que proporcionen energía. Resulta, entonces, difícil de creer que
en estas emociones secundarias no estén presentes los reflejos orgánicos por no
ser necesarios, pues de ser así, claramente
la utilidad se hace sinónimo de la presencia y consecuentemente, se
asume lo que será establecido, como un hecho, aún cuando las actividades del
organismo estén presentes, su utilidad será cuestionable. 4. Desafortunadamente, la aparente utilidad servicial de varias
actividades fuertemente excitadas del organismo bajo ciertas circunstancias, ha
inducido a que diversos escritores sean indulgentes con muchas especulaciones
indiferentes relativas a la utilidad o el carácter adaptativo en general de las
emociones. Dejando a un lado el que estos escritores en verdad pudieran estar
observando emociones, la característica
cuestionable de semejante especulación está en la implicación de que los organismos posean mecanismos generales
con una función propositiva definida para enfrentar circunstancias
desfavorables específicas. La consecuencia de sostener este enfoque es que
inevitablemente nos lleva a descuidar hechos, como el carácter sustitutivo de
los procesos orgánicos, que no son compatibles con tal preconcepción. 5. En mi caso, yo considero que, en su conjunto, la evidencia
observable no apoya la versión de que el shock emocional sea siempre o incluso
en algunos casos, benéfico para el organismo, tanto en el momento como a largo
plazo. Para que quede constancia, todo lo que el estudio de las emociones nos
permite decir es que bajo ciertas circunstancias, la conducta emocional es aparentemente
una reacción útil, en el sentido de que pareciera necesaria una reacción rápida
e inmediata y así ocurre. Pero, en muchos casos, el carácter disociativo y
abrupto del acto emocional puede ser la ocasión para un resultado muy dañino al
organismo y no es infrecuente, que sea la causa de su muerte.
¿Qué oportunidad puede tener una persona ante una situación
difícil si se le priva, aún por un instante, de la oportunidad para ofrecer una
respuesta definitivamente centrada ante un estímulo presionante? Resulta
evidente, entonces que, el
comportamiento emocional no siempre es una actividad adaptativa y
consecuentemente, debemos rechazar
sumariamente cualquier interpretación utilitaria, especialmente si tal
interpretación no se basa en observaciones actuales, sino en creencias en una
fuerza mental o entelequia manifestándose como conducta fisiológica. 6. La relación de las Emociones y los Instintos. La opinión psicológica actual parece estar unánimemente de
acuerdo en que existe una conexión muy cercana entre el comportamiento
emocional y el instintivo. Y el fundamento para creer en tal conexión radica en
la observación de que las emociones son formas elementales y muy directas de
conducta. No obstante, es solo sobre que hay una conexión en lo que todos
concuerdan, mientras por otro lado, existe una amplia divergencia de opiniones
acerca de la relación precisa entre instintos y emociones. Así, McDougall
concibe a los instintos como un sistema fundamental de acción que incluye las
emociones, mientras que Shand piensa en los instintos como partes de emociones fundamentales.
Mientras tanto, nosotros debemos sugerir que el desacuerdo entre McDougall y
Shand se ha ce posible por el hecho de
que la característica distintiva de la conducta emocional es su forma
disociativa, cuestión que hace posible diversos enfoques respecto a la
especificidad o generalidad de tales actos psicológicos. 7. Otro aspecto de desacuerdo entre los que creen en la cercana
relación entre instinto y emoción se refiere a la estimulación exacta que
provoca tales acciones. Por un lado, se dice que las emociones son la compañía
afectiva de los instintos (McDougall), mientras por otro lado, se sugiere que
las emociones surgen cuando hay una demora o una obstrucción en el camino de
expresión del instinto en dirección a su meta predeterminada (Shand). No obstante, hay que notar que en todos los
casos se nos impone la implicación de que nuestras acciones estuvieran
predeterminadas por algún poder innato. Ahora bien, semejante forma de ver la
actividad humana resulta enteramente incompatible con cualquier observación de
la conducta y no deja lugar para el desarrollo de la conducta y su
condicionameinto ante objetos y personas específicas en el ambiente. Debido a
que no tenemos instintos en el sentido
de fines biológicos, no puede haber alguna conexión entre instintos y
emociones. Esta conexión también resulta imposible, ya que los instintos
verdaderos de los animales y de los infantes, son patrones definidos de
respuestas disparados por objetos estímulo específicos, no son de manera alguna
tendencias que puedan entrar en un conflicto entre sí. 8. No es menos significativa y brillante la formulación que hace
Dewey sobre la relación entre emociones e instintos. Recordemos que Dewey
estaba interesado en el problema de confirmar la doctrina de W. james sobre la
prioridad de los cambios orgánicos (expresiones) con la propia emoción,
mediante la reformulación de lo dicho por Darwin sobre las emociones y su
expresión. El lector recordará que Dewey interpretó las expresiones de Darwin
como “la reducción de movimientos y estimulaciones originalmente útiles, en
actitudes”, actitudes que aparentemente son condicionadas por instintos. Para
Dewey la dimensión específica de afecto en una situación emocional es un
conflicto o tensión entre instintos o tendencia a la acción. “La emoción es
psicológicamente el ajuste o tensión entre lo habitual y lo ideal, de manera que los cambios orgánicos en el
cuerpo son literalmente el trabajo de este en términos concretos, en su
esfuerzo por ajustarse”. 9. Para nosotros, el significado de la doctrina de Dewey radica
precisamente en el hecho de que nos revela la inevitable consecuencia de
incluir dentro de la psicología semejantes entidades metapsicológicas como son
los instintos. Para dejarlo claro, Dewey no puede permitir que la persona sea
estimulada por un objeto concreto, sin evitar la tensión inhibitoria para que
el organismo no diera una respuesta ‘ante’ o hacia el ‘objeto’ y así, el
conflicto entre instintos sucediera como una misteriosa ebullición en la
‘conciencia’, fuera de la que se distingue entre estímulo y respuesta. 10. La idea de que las emociones son conflictos de instintos o
productos de estos conflictos, nos parece verdaderamente fantasiosa y estando
basada en los así llamados estados internos, resulta enteramente fuera de
lugar, con respecto a las condiciones concretas de una reacción. Semejante doctrina convierte a las emociones
en un tipo de lado interno de los instintos, mientras que estos se suponen como
fases externas de ciertos actos. En todas las teorías sobre la
relación cercana o inseparable entre emociones e instintos, se presume que las
primeras son ‘mentales’ mientras que los segundos unas veces lo son y otras no.
11. Yo creo que los mentalistas llegan a esta interpretación por
denominar equivocadamente a los reflejos sustitutivos en el patrón de respuesta
emocional, los instintos. El motivo de
tal equívoco puede ubicarse en la concepción utilitaria de las emociones, de
acuerdo con la que, todo lo que ocurre a una persona debe verse como
ocurrencias y nunca como procesos fortuitos. 12. La teoría del conflicto entre emociones, sin duda se basa en la
observación de que en algunas situaciones emotivas ocurre una batalla en
presencia de una multiplicidad de objetos confusos, de manera que no puede
funcionar sin interferencia un solo patrón de respuesta. Pero el hecho crudo
aquí es que, un conflicto entre objetos estímulo y respuestas concretas del
individuo en contacto con ellos, se sigue tratando de estímulos y respuestas
que son eventos y objetos naturales. No un conflicto entre estados mentales. La
interpretación de los movimientos concretos de un organismo no se puede hacer
en base a un conflicto permanente de tendencias mentales. 13. La clasificación de las Emociones. Si estamos de acuerdo
con rechazar la creencia en la relación entre emociones e instintos, al mismo tiempo renunciamos al último de los
persistentes intentos por clasificar las emociones. Y quizá aquí hallemos la clave
del fracaso de todos esos intentos por segregar las emociones bajo rúbricas
convenientes. La clave es esta, que
los psicólogos no pueden encontrar
ningún factor común entre la conducta compleja de un organismo y algún
presunto estado mental, hecho que podría también expresarse diciendo que no
existe un criterio subjetivo definitivo para clasificar las emociones. 14. Desde un punto de vista organísmico de la conducta,
estrictamente hablando, por supuesto, existe solo un tipo de emoción. Es decir,
las emociones constituyen una clase o un tipo de acción. Así pues, el sentido
más obvio para clasificar las diversas actividades emocionales está en
correlacionarlas con las circunstancias exactas en las que ocurren y como la
extrema complejidad de estas circunstancias estimulantes trabaja en nuestra
contra para tener en el presente cualquier clasificación redondeada y completa,
semejantes correlaciones nos servirían para otorgar cierto contenido conductual
y significado, a las diferentes divisiones. Más aún, el describir un acto
emocional bajo sus circunstancias en las que ocurre, es proporcionar el campo
(o escenario) estímulo-respuesta y en mantener nuestra clasificación lejos de
cualquier semejanza con alguna enumeración de facultades específicas. 15. El problema de ordenar y arreglar los actos emocionales nos
involucra precisamente en las mismas dificultades como las que se encuentran
para clasificar los actos del pensamiento. No obstante, en cada caso la
especificación de las circunstancias exactas, bajo las que la persona responde,
nos proporcionaría luz sobre el funcionamiento de las reacciones humanas,
además de ayudarnos a entender los detalles precisos involucrados en la
construcción de los sistemas de reacción. Por ejemplo, un estudio conductista
comprensivo de las emociones más refinadas y sutiles, nos posibilitaría algún
entendimiento sobre los intrincados detalles del comportamiento social y de la
modificación social de la acción humana. De ahí, a menos que planeemos hacer
tal estudio comprensivo de la actividad emocional, tendremos poca posibilidad
de obtener información adicional sobre esta conducta solo por el mero análisis
de las funciones secretorias, que juegan un papel prominente en los actos
emocionales, así como en otro tipo de comportamientos. Más valioso sería el
análisis si consideramos las secreciones glandulares como partes integrantes de
un sistema de respuesta más general en correlación con circunstancias
estimulantes definitivas. 16. De fundamental importancia resulta, para la clasificación de la
conducta emocional, estar completamente consientes de que siempre que se
insista en colgarle un nombre a cada emoción, como si fuera algo más que su
nombre, inevitablemente estaríamos distorsionando hechos esenciales.
Posiblemente en ningún otro dominio de la ciencia psicológica es que los
nombres significan tan poco o resultan tan dañinos, como en el estudio de las
emociones. No nos sorprende, entonces, que la literatura sobre este tema revele
ampliamente muchas dificultades de descripción e interpretación, pues términos
tales como miedo, coraje, alegría y tristeza, presuntamente representan
ejemplares únicos de hechos psicológicos.
Debido a que los nombres son tan truculentos en la psicología de las
emociones, las necesidades de la ciencia dictan que se efectúe un examen
cercano de la conducta que se quiere clasificar y que se brinde menos atención
a los nombres convencionales de estos comportamientos. 17. Condiciones determinantes de las Emociones. Siempre tendremos una
descripción incompleta del fenómeno psicológico a menos que le adicionemos
nuestro reporte de los hechos relativos a los estímulos y las respuestas, como
también de las condiciones bajo las que estos interactúan. La necesidad de investigar las condiciones precisas
que influyen sobre la respuesta se evidencia por el hecho de que ninguna
reacción depende tanto de la constitución del individuo y de las
características de su ambiente, como de la presencia o ausencia de los
estímulos y los sistemas de reacción. En el caso de la situación emocional, el
caos disrruptivo puede obviamente evitarse al contar con una respuesta abierta
en el momento necesario, si el medio es propicio y la persona está en una
condición preparada para tal emergencia. 18. Aunque tenga una gran dificultad el especificar las condiciones
determinantes exactas de la conducta emocional podemos, no obstante, aislar
unos cuantos factores que contribuyan en la producción o prevención de la
reacción emocional. Podríamos denominarles como condiciones constitucionales y
condiciones estimulantes, respectivamente, si se refieren las primeras a las
condiciones de la persona y las segundas a las condiciones del ambiente. 19. (1) Entre las condiciones constitucionales podríamos enumerar
las siguientes: (a)
La primera condición constitucional de la conducta emocional involucra el hecho
de contar con un equipo psicológico. Una persona que está completamente
equipada con patrones de respuesta para las diversas situaciones en las que se
encuentre, será decididamente menos sujeta a la condición de no responder. Por
ejemplo, el alumno que se ha preparado poniéndose a estudiar, será menos sujeto
a ser sorprendido emocionalmente cuando presente un examen difícil. (b) En
relación cercana a esta condición previa está la velocidad de la reacción de la
persona. Generalmente quien no es rápido en responder ante una situación que lo
confronta, es posible que caiga en una posición indeseable o peligrosa. La
persona que actúe rápido en presencia de un objeto peligroso, posiblemente
inhibiendo su movimiento, o mediante otro ajuste sustitutivo, será menos
probable que sufra alguna perturbación. La persona que es acuciosa con sus
reacciones será menos proclive a experimentar algún momento embarazoso. En este
tipo de situaciones, como en algunas situaciones elementales, la confianza en
sí misma de la persona es un factor extremadamente potente para prevenir los
disturbios emocionales. (c) La habilidad para evitar un shock emocional depende
de la condición fisiológica general de la persona, debido a que la capacidad de
la persona para manejar su equipo de reacción varía dependiendo de los estados
fisiológicos. Alguien que apenas se recupera de una enfermedad puede resultar
con un equipo inadecuado para enfrentar una situación natural peligrosa. Igualmente,
haber trabajado demasiado, estar nervioso o falto de ánimo, significa estar
bajo una especial propensión para tener un shock emocional. En estos casos, como en todos los
demás, debemos observar que la condición constitucional solo tiene referencia
directa con la estimulación a la mano.
(d) Otra influencia
sobre la conducta emocional es la condición presente en el individuo que es debida a las circunstancias de la
situación emocional inmediatamente precedente. De manera que el mismo o un
estímulo similar puede ahora influir en la persona y hacer que no tenga ninguna
perturbación emocional o que experimente una crisis moderada o no una violenta.
20. (2)Como podríamos esperar, las condiciones estimulantes de la
conducta emocional son muy numerosas. (a) Una de las condiciones más
sobresalientes podría ser la familiaridad de la persona con los objetos
estimulantes y sus contextos. Cuando el estímulo es conocido y no resulta
extraño es menos probable que ocasione una disociación o disrupción en la
persona. (b) Sobresale como un factor contribuyente para las emociones sociales
la presencia de ciertas personas que nos retraen a experiencias pasadas de
amor, de admiración o de temor y que generalmente provocan una conducta
emocional, al tiempo que la evitación de esas personas evita también esas
emociones. En general, los disturbios emocionales se condicionan al contexto de
los objetos estímulo. (c) Consecuentemente se deriva del carácter condicionado
de las emociones que resulta preventivo para una crisis emocional el que haya
un contacto frecuente con una situación dada y especialmente con situaciones
que, por experiencias recientes, sean capaces de inducir trastorno emocional. 21. Las Emociones en los Animales y en los Infantes. A lo largo de toda la
tradición subjetivista de los psicólogos modernos, siempre se ha supuesto que
los animales tienen emociones, así como otros estados de conciencia.
Especialmente desde los tiempos de Darwin, en los que la continuidad de las
especies era el motivo dominante en el dominio biológico, esta visión ha
prevalecido al afirmar que las emociones humanas son en realidad vestigios
remanentes de condiciones que los animales ancestros habían adquirido.
Naturalmente que semejante doctrina de estados mentales conduce a descuidar la
diferencia entre las acciones emocionales en sí mismas y otros tipos de
comportamientos y consecuentemente, a los animales se les atribuyen reacciones
que, debido a su organización y desarrollo, ellos, junto con los infantes,
obviamente no pueden tener. Como alguien puede adscribir a los animales y a los
niños semejantes reacciones complejas, que solo pueden adquirirse con una
dilatada experiencia social. La observación critica de las respuestas actuales
ante circunstancias estimulantes, nos convence no solo de que los animales
nunca han tenido ninguna emoción social, sino de que tampoco han podido
desarrollar el estado para poder tener un comportamiento emocional elemental. 22. Debido a que el estatus actual de la opinión referente a las emociones
en los animales tienen sus raíces en la influencia de Darwin sobre la
psicología, no será vano disgregarnos en este punto para delinear el
crecimiento de la concepción del hombre y los animales compartiendo el mismo
tipo de estados mentales. Primero observemos que Darwin aceptaba la semejanza
biológica entre los organismos humano y animal, como la base para correlacionar
la expresión de las emociones en los dos casos. Lo que parecieran ser
‘expresiones’ similares, fueron luego tomadas como similares estados
mentales. Lo que Darwin y otros
escritores descuidaron en su pensamiento, era que no estaban observando
expresiones de ningún estado mental, sino respuestas directas del animal de
tipo instintivo ante estímulos específicos. Sin embargo, ellos nombraron a
estas respuestas aplicándoles términos convencionales y de esta manera, a los
animales se les atribuyeron todo tipo de
emociones y otras variantes de sentimientos. Finalmente, esta manera de pensar
llegó al punto en que Darwin pudo escribir “el hombre por sí mismo no puede
expresar el amor y la humildad, tan claramente como lo hace un perro”.
Claramente tenemos aquí una pieza flagrante de antropomorfismo. Darwin también
señalaba la importancia de observar a los infantes para poder darse cuenta si determinados
movimientos o gestos eran verdaderas expresiones de ciertos estados mentales,
al tiempo que él probablemente estaba frente a dos tipos diferentes de
fenómenos. Por un lado la conducta de los sentimientos humanos y por otro, los
instintos animales, aunque Darwin se confundió por su concepción de las
emociones y sus expresiones, haciendo estos dos fenómenos idénticos. 23. No es extraño, entonces, que los psicólogos actuales acepten la
doctrina de la continuidad mental que implica que las emociones sean potencias
persistentes que funcionan como propiedades del hombre y los animales. 24. Aunque, en lo que toca a la conducta emocional es seguro afirmar
que las observaciones nos develan evidencia a favor de la discontinuidad y no
de la continuidad. 25. Cuando nos vamos al problema de las emociones en los infantes
recién nacidos, podemos encontrar el mismo conjunto de condiciones capaces de
producir disturbios emocionales. Los estudios de Watson con niños demostraron
la ausencia en las historias conductuales de niños pequeños de condiciones características como caos o
ausencia de respuesta, que fueran sustituidas por reflejos viscerales o de otro
tipo. Sin embargo Watson no estuvo de acuerdo con este enfoque y de hecho creyó
que había encontrado en los niños tres tipos de emociones. Pero la lectura de
sus notas nos convence ahora que él observaba solo algunas respuestas
instintivas específicas. Los nombres que
les otorgaba (miedo, coraje, amor) nos parecen arbitrarios e intercambiables. 26. Emociones y Expresiones. Como hemos visto, algunas de las dificultades que encontramos en el estudio de las emociones en los animales y en los niños se deben a la prevalencia de la idea de que las reacciones emocionales que observamos son una expresión exterior de un estado mental llamado emoción. Pero, cuando las emociones se estudian como comportamientos concretos, no hay necesidad de incluir en nuestra descripción ninguna dicotomía entre los actos emocionales y su expresión. Más aún, resulta absurdo hablar de que las emociones preceden o siguen a su expresión. Esto nos remitiría a una hipótesis psicológica no naturalista.
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