I. FILOSOFÍA DEL ABSURDO.
Quizá el
primer problema filosóficamente importante en relación con la muerte sea
precisamente el de saber si esta constituye o no un problema o un tema válido
para la filosofía. Aunque un hecho es evidente: la muerte no es ni ha sido un
tema típico de la filosofía. Asunto tradicionalmente religioso o literario, la
muerte no ha logrado entrar completamente en el ámbito de lo que se da en
llamar filosofía profesional o técnica o filosofía propiamente dicha. Los
filósofos suelen desentenderse de la
muerte. Desde luego hay
varias excepciones, pero ello no quiere
decir que la muerte
deje de ser en general un tema filosófico solamente marginal o
secundario. E incluso aquéllos
autores para quienes, como
Albert Camus, la muerte constituye de
entrada un problema
filosófico y tal vez el más grave y principal.
Recordemos
el humanismo de Camus cuyo sentido mas
profundo se halla dado de una vez por todas
en las palabras
iniciales de su libro "El Mito de Sísifo". Nos referimos desde
luego a la
célebre declaración: "No hay mas que un problema
filosófico verdaderamente serio, es
el suicidio". Juzgar que
la vida vale o no vale la pena de ser vivida
es contestar a la
cuestión fundamental de la filosofía."Juzgo, pues, que el
sentido de la vida es la cuestión más
urgente".
Camus no
quiere saber, quiere saber qué hacer. Más que
verdades, busca motivos. "La hora de
la verdad es la hora de
la muerte". Se abre la dimensión psicológica
del asunto.
Puesto que
Dios es concebido como principio absoluto, que
daría sentido a todo lo existente,
admitir a Dios es admitir
también que la existencia tiene un sentido
absoluto. Por otro
lado, de la ausencia de Dios, por tanto, se desprende
lógicamente la ausencia de un sentido
absoluto de la
existencia.
Camus,
como muchas personas se ubica desde una
perspectiva irracional, considerando al
mundo como carente de
sentido, a lo que llama "la condición absurda" y frente a ella
quedan pocas posibilidades de acción.
Si uno acepta el absurdo
como la
condición metafísica del hombre, el problema
no es
cómo salir de él, sino cómo vivir con él. Los que quieren
salir del absurdo,
se suicidan. Los que quieren vivir
con el
absurdo, se
rebelan.
Camus, a
pesar de todo, se suicida. Antes, en sus
escritos rechaza esta opción. La razón para
rechazarla es que
niega el absurdo al negar uno de los términos de la
confrontación: el hombre y su
conciencia. El suicidio resuelve
el absurdo, pero no resuelve el problema de
cómo vivir en él.
Para una
existencia auténtica, la primera consecuencia de
la rebelión es rechazar la esperanza.
El rebelde vive sin la
esperanza de otra vida. Sin embargo, "no existe una verdad que
no lleve consigo su amargura" y la
angustia es el "clima
perpetuo del hombre lúcido".Se es libre porque se sabe uno
mortal. La libertad tiene así, como
fundamento, la
lucidez
ante la muerte.
La muerte
es en primer lugar, una realidad universal, un
hecho inherente al mundo. La muerte
es tanto el factor
determinante de la condición metafísica del hombre, como de su
condición histórica. En este sentido,
puede decirse que la
muerte unifica la condición
humana. La pena de muerte
generalizada define la condición de
los hombres.
En segundo
lugar, la muerte, la mortalidad, es cierta y
evidente. Lo anterior nos
conduce al tercer punto de esta
caracterización: la muerte es fin
total, absoluto. La muerte
es definitiva; no hay inmortalidad, no hay
otra vida
cualquiera que fuese, no hay mañana.
Cuando Camus habla de una
eternidad, lo hace únicamente para
negarla. La eternidad es
la
nada !
Simplificando las cosas, podemos decir que la
universalidad de la muerte trae
consigo la falta de sentido en
el mundo; su certeza, la nostalgia y su
carácter definitivo,
la
condición del hombre como exiliado.
El absurdo
es la relación de inadecuación metafísica
entre el hombre y el mundo.
Camus
descubre el absurdo a través de lo que llama "el
sentimiento del absurdo". Este
sentimiento, afirma, puede "a
la vuelta de la esquina de cualquier
calle ... golpear el
rostro
de cualquier hombre".
El
sentimiento de lo absurdo puede surgir de diversas
maneras; posee, diríamos,
diferentes vías de acceso. Una de
ellas es la extrañeza del hombre
frente a la naturaleza,
la
captación del mundo como ajeno. El
sentimiento de lo absurdo
surge también ante
nosotros mismos: "el extraño que en
ciertos
segundos viene a nuestro encuentro en un
espejo, el hermano
familiar y, sin embargo, inquietante
que encontramos en
nuestras
propias fotografías, es también el absurdo".
Otro
descubrimiento del absurdo ocurre en
cierta percepción del
tiempo. El hombre pertenece al tiempo
y en este horror que le
oprime
está el absurdo. No obstante, Ella, la
muerte, es el
absurdo supremo.
El
absurdo, sobre todo, nace ante la muerte, en la
confrontación del hombre con su
muerte. El hombre muere en un
determinado momento, pero es mortal a
cada instante.
El
sentimiento de lo absurdo vive, pues, como base para
formular la noción de lo
absurdo y poder, de esa manera,
derivar sus consecuencias.
II. EL ANÁLISIS
EXISTENCIA.
La
Psicoterápia, concebida específicamente como análisis
de la existencia, se
refuerza, especialmente, por hacer
que el
hombre cobre conciencia de su responsabilidad,
viendo en ella
el fundamento esencial de la
existencia humana.
La
responsabilidad, significa siempre responsabilidad
ante un deber. Ahora bien, los
deberes de un hombre sólo
pueden ser interpretados partiendo de
un "sentido", del
sentido
concreto de una vida humana.
El
problema del sentido de
la vida, ya se plantee de un
modo expreso o de una manera
simplemente tácita, debe ser
considerado como un problema
verdaderamente humano. Por
tanto,
el hecho de poner sobre el tapete el
problema del sentido de
la vida no debe
interpretarse nunca, en modo alguno,
como
síntoma o expresión de algo enfermizo,
patológico o anormal en
el hombre; lejos de ello, es la
verdadera expresión del ser
humano
de por sí, de lo que hay de verdaderamente
human, de
más humano, en el hombre.
El problema del
sentido de la vida, planteado de modo radical, puede
llegar a avasallar totalmente al individuo.
Este caso suele
darse, sobre todo, en el periodo de la pubertad, es
decir, en aquél periodo en que se revela ante el
jóven que va madurando
espiritualmente y lucha espiritualmente por ver
claro, la problemática de la existencia humana. Pero
el problema del sentido de la vida no se plantea de
un modo típico solamente en los
años de la adolescencia, sino que en ocaciones es,
como si dijéramos, el propio destino quien lo
plantea, por ejemplo, con motivo de una vivencia
cualquiera que sacuda y haga
estremecerce al hombre. En esta categoría de
sujetos habría que incluir, por
ejemplo, al hombre que habiendo perdido al ser a
quien amaba más que a nada en el
mundo y al que consagraba su vida entera, se pregunte,
indeciso, sin rumbo, si su vida
tiene ya, ahora, algún sentido, una razón de ser.
¡Ay del hombre cuya fé en el
sentido de la vida vacile al llegar este momento! Se
quedará, si eso le sucede, sin reserva moral alguna; el
hombre, en estas
condiciones, se ve privado de aquéllas energías
espirituales que solo es capaz de ofrecer una
concepción del mundo que afirme incondicionalmente
el sentido de la vida y se
encontrará, así, desarmado para recibir, en las
horas difíciles de la vida, los golpes del destino y
para compensar 'la fuerza'
de la fatalidad con la suya propia. El hombre caerá,
de este modo, en una especie de descompensación
moral.
Tal vez
comprendamos mejor cuan primordial es la importancia
que debe atribuirse a una concepción del mundo
afirmativa del sentido de la vida, a
la luz de lo siguiente.
Una investigación
estadística de gran envergadura acerca de las
probables razones de la
longevidad dió como resultado el que todos los
sujetos investigados, es decir, todas las
personas longevas incluidas en la encuesta,
acusaban una concepción de la
vida "optimista", afirmativa del sentido de la
vida misma.
Si reflexionamos
sobre la estructura originaria de nuestro vivir en
el mundo, nos dice Viktor Frankl, habremos de
operar sobre el problema del
sentido de la vida una revolución copernicana: es la
vida misma la que plantea cuestiones al
hombre. Este no tiene que interrogarla; es a él, por el
contrario, a quien la vida interroga y él quien tiene que
responderle a la vida, hacerse
responsable !
Si nos
orientamos al análisis de la existencia con un
interés terapéutico y queremos ayudar a la gente a
dar a su vida la mayor concentración posible,
no tenemos más que hacerle ver
cómo la vida de cada hombre tiene una meta
peculiar, hacia la que conduce un camino que no se presenta
sino una sola vez.
Ahora bien, si
alguien alega ante nosotros que ignora el sentido de
su vida y desconoce las posibilidades únicas de su
existencia, podemos replicarle
que su misión primera y más urgente consiste
precisamente en encontrar el camino hacia el
cumplimiento de su propia misión y avanzar
resueltamente hacia el sentido de
su vida, con todo lo que tiene de singular y
peculiar. Y, por lo que se refiere, en particular a sus
posibilidades interiores,
es decir, al problema de cómo el
hombre puede descifrar la ruta de su deber,
partiendo de su propio ser, no cabe nada mejor que
responder sencillamente a
lo que el día reclama. Uno es lo que uno hace.
Así pues, no
pudiendo profetizar, el hombre no puede tampoco
prejuzgar si su porvenir encierra o no la
posibilidad de realización de valores. Por
tanto, la misión que el hombre
tiene que cumplir en la vida existe siempre,
necesariamente, aunque el interesado no la vea y es
siempre, necesariamente,
susceptible de ser cumplida.
Lo importante
para el análisis de la existencia, en general, es,
como puede comprenderse, que el hombre sienta y
viva su responsabilidad en cuanto
al cumplimiento de todas y cada una de sus misiones,
tal como en cada caso se le
planteen; cuanto mejor comprenda el carácter de misión que
la vida tiene, tanto mayor
sentido tendrá la vida para él.
Hay
personas que, avanzando un poco más, viven la vida
como un mandato de un ser superior que comanda, es
el caso del 'homo religious', un
hombre en cuya conciencia y
responsabilidad comulga Dios.
No cabe
duda de que, enfocado el problema desde el punto de
vista del análisis de la existencia, surgido a
partir de Viktor Frankl, no es posible que
lleguemos a reconocer una misión
de vida dotada de validez general y obligatoria para
todos.
¡Cuantas veces se
nos dice que la muerte hace problemático el sentido
de la vida total, que, en última instancia, todo
carece de sentido, puesto que la
muerte vendrá, a la postre, a destruirlo todo!
¿Puede realmente la muerte anular o
menoscabar el sentido de la vida? Por el contrario. En
efecto, ¿qué ocurriría si nuestra
vida no fuera finita en el tiempo, sino
temporalmente infinita o ilimitada? Si el hombre
fuese inmortal, podría con razón demorar
cada uno de sus actos hasta lo
infinito, no tendría el menor interés en
realizarlos precisamente ahora, podría dejarlos
perfectamente para mañana o pasado mañana, para
dentro de un año o de diez. En cambio,
viviendo como vivimos en
presencia de la muerte como límite infranqueable de
nuestro futuro y la inexorable limitación de
todas nuestras posibilidades, nos
vemos obligados a aprovechar el tiempo de vida
limitado de que disponemos y a no dejar
pasar en balde, desperdiciándolas, las ocasiones
que sólo se le brindan una única
vez y cuya suma 'finita' compone la vida.
Por tanto, la
finitud, la temporalidad, no sólo es una
característica esencial de la vida humana, sino que
es, además, un factor constitutivo del sentido
mismo de la vida.
El sentido de
la existencia humana se basa precisamente en su
carácter irreversible. Por eso, sólo podemos
comprender la responsabilidad de la
vida de un hombre, siempre que la
entendamos como una responsabilidad con vistas al
carácter temporal de la vida,
que sólo se vive una vez.
La máxima del
análisis de la existencia, al menos en el enfoque
logoterapéutico de Frankl, podría presentarse, en
general, bajo ésta fórmula
imperativa: ¡Vive como si vivieses por segunda vez y
como si la primera vez lo hubieses hecho
todo de un modo tan falso como te dispones a hacerlo
ahora!
El carácter
fragmentario de la vida, no menoscaba el sentido de
ésta. No es la duración de una vida humana en el
tiempo lo que determina la plenitud
de su sentido. No cabe duda de
que la vida heroica de un hombre muerto
prematuramente encierra mayor contenido y mayor
sentido que la existencia de
cualquier filisteo que viva noventa años. Son muchas las
sinfonías "inconclusas" que
figuran entre las más bellas.
Aún cuando
la antorcha se apague, no quiere decir que su
resplandor, mientras alumbró, no tuviese sentido
alguno; lo que no tiene sentido, en
cambio, es el irse pasando
eternamente, en una interminable carrera de
antorchas, una antorcha apagada. Lo que ha de
alumbrar, tiene que arder. También tiene que
consumirse, es decir, arder hasta 'el
final'.
De todo lo
anterior, deducimos nuevamente nosotros que la vida
no puede ser nunca un fin en sí y que la procreación
de los hijos o la
propagación de la vida no puede ser concebida, en
modo alguno, como el sentido propio de ésta.
Lejos de ello, recibe su sentido
por obra de otros factores no
biológicos: espirituales, morales, estéticos, etc. Estos
factores representan, por tanto,
un momento trascendente. La vida no trasciende de
sí misma 'en longitud' -sino en
profundidad-, en cuanto apunta a valores. Lo único
que nos trasciende son nuestras obras y la memoria
que de nosotros quede en los demás. Todavía tenemos
el presente para hacer de nosotros lo
que queramos dejar y que nos haga trascendentes.
III. CONCLUSIONES.
Si comprendemos
a la filosofía como una forma de vivir, la muerte se
torna un problema filosófico que nos lleva a
cuestionar naturalmente nuestra
condición metafísica. Una filosofía del absurdo da
como solución para vivir en él, la
actitud rebelde. El análisis existencial de la psicoterápia,
por otro lado, nos conduce hacia
la búsqueda de significado en nuestra vida
mediante la responsabilidad y el trabajo.
La búsqueda de
sentido se inicia a un nivel simple y cotidiano. Se
puede hallar sentido al responder a la situación
del momento y al aceptar las tareas
sencillas de la vida. Las
actividades pueden hacer llegar sentido en varias
formas - mediante el trabajo, los pasatiempos o
aquéllos actos que efectuamos en bien de los demás-.
Pero algunas
veces, incluso con la mejor intención, resulta
difícil encontrar sentido en el trabajo específico
que se realiza. Afortunadamente, a medida
que se reducen las horas de
trabajo el individuo tiene mas oportunidad de
entregarse a actividades significativas en sus horas
de ocio, llenando el vacío existencial de la persona
y sin representar simplemente un medio de
escape.
La segunda área
en la cual, de acuerdo a la logoterápia, puede el
hombre encontrar sentido, es la
de valores tales como la belleza,
la verdad o el amor. Aquí el sentido se descubre
mediante un recurso pasivo o receptivo, a
diferencia de las ocupaciones en
donde se trata de una actitud productiva. Aquí
la mayor experiencia es la de el amor maduro -conocer a un
ser humano en toda su personalidad.
Que el
sentido puede descubrirse mediante actividades y
experiencias es algo que se comprende fácilmente.
Todavía es más difícil comprender que el
sentido también puede
encontrarse mediante las actitudes del hombre. Esta
posibilidad adquiere importancia cuando el hombre se enfrenta
a lo que Frankl llama "la triada
trágica" : el sufrimiento inevitable, la culpa
imborrable y la muerte. Así, cuando la
persona está en una situación dolorosa que es
incapaz de alterar, puede
encontrar sentido si se le enfrenta con valor y
dignidad dejando entonces un ejemplo para otras personas, a la
vez que transforma su sufrimiento
en una conquista suprema del
espíritu humano.
B I B
L I O G R A F I A .
Fabry,Joseph B.
(1984) La Búsqueda de Significado.
Fondo de Cultura
Económica, México,
Frankl, Viktor E.
(1980) Ante el Vacío Existencial.
Ed. Herder,
Barcelona.
Pérez, Ana Rosa y
Zerón, Antonio (1981) La Muerte en el
Pensamiento de
Albert Camus.
Universidad
Nacional Autónoma de México.