LA MUERTE  Y EL SIGNIFICADO DE LA VIDA

 

 Por  Jaime Ernesto Vargas Mendoza

 

I.  FILOSOFÍA DEL ABSURDO.

 

     Quizá el primer problema filosóficamente importante en relación con la muerte sea precisamente el de saber si esta constituye o no un problema o un tema válido para la filosofía. Aunque un hecho es evidente: la muerte no es ni ha sido un tema típico de la filosofía. Asunto tradicionalmente religioso o literario, la muerte no ha logrado entrar completamente en el ámbito de lo que se da en llamar filosofía profesional o técnica o filosofía propiamente dicha. Los filósofos suelen desentenderse de la muerte. Desde luego hay varias excepciones, pero ello no quiere decir que la muerte deje de ser en general un tema filosófico solamente marginal o secundario. E incluso aquéllos autores para quienes, como Albert Camus, la muerte constituye de entrada un problema filosófico y tal vez el más grave y principal.

 

     Recordemos el humanismo de Camus cuyo sentido mas profundo se halla dado de una vez por todas en las palabras iniciales de su libro "El Mito de Sísifo". Nos referimos desde

luego a la célebre declaración: "No hay mas que un problema filosófico verdaderamente serio, es el suicidio". Juzgar que la vida vale o no vale la pena de ser vivida es contestar a la cuestión fundamental de la filosofía."Juzgo, pues, que el sentido de la vida es la cuestión más urgente".

 

     Camus no quiere saber, quiere saber qué hacer. Más que verdades, busca motivos. "La hora de la verdad es la hora de la muerte". Se abre la dimensión psicológica del asunto.

 

     Puesto que Dios es concebido como principio absoluto, que daría sentido a todo lo existente, admitir a Dios es admitir también que la existencia tiene un sentido absoluto. Por otro lado, de la ausencia de Dios, por tanto, se desprende lógicamente la ausencia de un sentido absoluto de la existencia.

 

     Camus, como muchas personas se ubica desde una perspectiva irracional, considerando al mundo como carente de sentido, a lo que llama "la condición absurda" y frente a ella quedan pocas posibilidades de acción. Si uno acepta el absurdo como la condición metafísica del hombre, el problema no es cómo salir de él, sino cómo vivir con él. Los que quieren salir del absurdo, se suicidan. Los que quieren vivir con el absurdo, se rebelan.

 

     Camus, a pesar de todo, se suicida. Antes, en sus escritos rechaza esta opción. La razón para rechazarla es que niega el absurdo al negar uno de los términos de la confrontación: el hombre y su conciencia. El suicidio resuelve el absurdo, pero no resuelve el problema de cómo vivir en él.

 

     Para una existencia auténtica, la primera consecuencia de la rebelión es rechazar la esperanza. El rebelde vive sin la esperanza de otra vida. Sin embargo, "no existe una verdad que no lleve consigo su amargura" y la angustia es el "clima perpetuo del hombre lúcido".Se es libre porque se sabe uno mortal. La libertad tiene así, como fundamento, la lucidez ante la muerte.

 

     La muerte es en primer lugar, una realidad universal, un hecho inherente al mundo. La muerte es tanto el factor determinante de la condición metafísica del hombre, como de su condición histórica. En este sentido, puede decirse que la muerte unifica la condición humana. La pena de muerte generalizada define la condición de los hombres.

 

     En segundo lugar, la muerte, la mortalidad, es cierta y evidente. Lo anterior nos conduce al tercer punto de esta caracterización: la muerte es fin total, absoluto. La muerte es definitiva; no hay inmortalidad, no hay otra vida cualquiera que fuese, no hay mañana. Cuando Camus habla de una eternidad, lo hace únicamente para negarla. La eternidad es la nada !

 

     Simplificando las cosas, podemos decir que la  universalidad de la muerte trae consigo la falta de sentido en el mundo; su certeza, la nostalgia y su carácter definitivo, la condición del hombre como exiliado.

 

     El absurdo es la relación de inadecuación metafísica entre el hombre y el mundo.

 

     Camus descubre el absurdo a través de lo que llama "el sentimiento del absurdo". Este sentimiento, afirma, puede "a la vuelta de la esquina de cualquier calle ... golpear el rostro de cualquier hombre".

 

     El sentimiento de lo absurdo puede surgir de diversas maneras; posee, diríamos, diferentes vías de acceso. Una de ellas es la extrañeza del hombre frente a la naturaleza, la captación del mundo como ajeno. El sentimiento de lo absurdo surge también ante nosotros mismos: "el extraño que en ciertos segundos viene a nuestro encuentro en un espejo, el hermano familiar y, sin embargo, inquietante que encontramos en nuestras propias fotografías, es también el absurdo". Otro descubrimiento del absurdo ocurre en cierta percepción del tiempo. El hombre pertenece al tiempo y en este horror que le oprime está el absurdo. No obstante, Ella, la muerte, es el  absurdo supremo.

 

     El absurdo, sobre todo, nace ante la muerte, en la confrontación del hombre con su muerte. El hombre muere en un determinado momento, pero es mortal a cada instante.

 

     El sentimiento de lo absurdo vive, pues, como base para formular la noción de lo absurdo y poder, de esa manera, derivar sus consecuencias. 

 

 

II.  EL ANÁLISIS EXISTENCIA.

 

     La Psicoterápia, concebida específicamente como análisis de la existencia, se refuerza, especialmente, por hacer que el hombre cobre conciencia de su responsabilidad, viendo en ella el fundamento esencial de la existencia humana.

 

     La responsabilidad, significa siempre responsabilidad ante un deber. Ahora bien, los deberes de un hombre sólo pueden ser interpretados partiendo de un "sentido", del sentido concreto de una vida humana.

 

     El problema del sentido de la vida, ya se plantee de un modo expreso o de una manera simplemente tácita, debe ser considerado como un problema verdaderamente humano. Por tanto, el hecho de poner sobre el tapete el problema del sentido de la vida no debe interpretarse nunca, en modo alguno, como síntoma o expresión de algo enfermizo, patológico o anormal en el hombre; lejos de ello, es la verdadera expresión del ser humano de por sí, de lo que hay de verdaderamente human, de más humano, en el hombre.

 

     El problema del sentido de la vida, planteado de modo radical, puede llegar a avasallar totalmente al individuo.

Este caso suele darse, sobre todo, en el periodo de la pubertad, es decir, en aquél periodo en que se revela ante el  jóven que va madurando espiritualmente y lucha espiritualmente por ver claro, la problemática de la existencia humana. Pero el problema del sentido de la vida no se plantea de un modo típico solamente en los años de la adolescencia, sino que en ocaciones es, como si dijéramos, el propio destino quien lo plantea, por ejemplo, con motivo de una vivencia cualquiera que sacuda y haga estremecerce al hombre. En esta categoría de sujetos habría que incluir, por ejemplo, al hombre que habiendo perdido al ser a quien amaba más que a nada en el mundo y al que consagraba su vida entera, se pregunte, indeciso, sin rumbo, si su vida tiene ya, ahora, algún sentido, una razón de ser. ¡Ay del hombre cuya fé en el sentido de la vida vacile al llegar este momento! Se quedará, si eso le sucede, sin reserva moral alguna; el hombre, en estas condiciones, se ve privado de aquéllas energías espirituales que solo es capaz de ofrecer una concepción del mundo que afirme incondicionalmente el sentido de la vida y se encontrará, así, desarmado para recibir, en las horas difíciles de la vida, los golpes del destino y para compensar 'la fuerza' de la fatalidad con la suya propia. El hombre caerá, de este modo, en una especie de descompensación moral.

 

     Tal vez comprendamos mejor cuan primordial es la importancia que debe atribuirse a una concepción del mundo afirmativa del sentido de la vida, a la luz de lo siguiente.

Una investigación estadística de gran envergadura acerca de las  probables razones de la longevidad dió como resultado el que todos los sujetos investigados, es decir, todas las personas longevas incluidas en la encuesta, acusaban una concepción de la vida "optimista", afirmativa del sentido de la vida misma.

 

 

     Si reflexionamos sobre la estructura originaria de nuestro vivir en el mundo, nos dice Viktor Frankl, habremos de operar sobre el problema del sentido de la vida una revolución copernicana: es la vida misma la que plantea cuestiones al hombre. Este no tiene que interrogarla; es a él, por el contrario, a quien la vida interroga y él quien tiene que responderle a la vida, hacerse responsable !

 

     Si nos orientamos al análisis de la existencia con un interés terapéutico y queremos ayudar a la gente a dar a su vida la mayor concentración posible, no tenemos más que hacerle ver cómo la vida de cada hombre tiene una meta peculiar, hacia la que conduce un camino que no se presenta sino una sola vez.

 

     Ahora bien, si alguien alega ante nosotros que ignora el sentido de su vida y desconoce las posibilidades únicas de su existencia, podemos replicarle que su misión primera y más urgente consiste precisamente en encontrar el camino hacia el cumplimiento de su propia misión y avanzar resueltamente hacia el sentido de su vida, con todo lo que tiene de singular y peculiar. Y, por lo que se refiere, en particular a sus posibilidades interiores, es decir, al problema de cómo el hombre puede descifrar la ruta de su deber, partiendo de su propio ser, no cabe nada mejor que responder sencillamente a lo que el día reclama. Uno es lo que uno hace.

 

     Así pues, no pudiendo profetizar, el hombre no puede tampoco prejuzgar si su porvenir encierra o no la posibilidad de realización de valores. Por tanto, la misión que el hombre tiene que cumplir en la vida existe siempre, necesariamente, aunque el interesado no la vea y es siempre, necesariamente, susceptible de ser cumplida.  

 

     Lo importante para el análisis de la existencia, en general, es, como puede comprenderse, que el hombre sienta y viva su responsabilidad en cuanto al cumplimiento de todas y cada una de sus misiones, tal como en cada caso se le planteen; cuanto mejor comprenda el carácter de misión que la vida tiene, tanto mayor sentido tendrá la vida para él.

 

     Hay personas que, avanzando un poco más, viven la vida como un mandato de un ser superior que comanda, es el caso del 'homo religious', un hombre en cuya conciencia y responsabilidad comulga Dios.
 

 

     No cabe duda de que, enfocado el problema desde el punto de vista del análisis de la existencia, surgido a partir de Viktor Frankl, no es posible que lleguemos a reconocer una misión de vida dotada de validez general y obligatoria para todos.

 

    ¡Cuantas veces se nos dice que la muerte hace problemático el sentido de la vida total, que, en última instancia, todo carece de sentido, puesto que la muerte vendrá, a la postre, a destruirlo todo!  ¿Puede realmente la muerte anular o menoscabar el sentido de la vida?  Por el contrario. En efecto, ¿qué ocurriría si nuestra vida no fuera finita en el tiempo, sino temporalmente infinita o ilimitada?  Si el hombre fuese inmortal, podría con razón demorar cada uno de sus actos hasta lo infinito, no tendría el menor interés en  realizarlos precisamente ahora, podría dejarlos perfectamente para mañana o pasado mañana, para dentro de un año o de diez. En cambio, viviendo como vivimos en presencia de la muerte como límite infranqueable de nuestro futuro y la inexorable limitación de todas nuestras posibilidades, nos vemos obligados a aprovechar el tiempo de vida limitado de que disponemos y a no dejar  pasar en balde, desperdiciándolas, las ocasiones que sólo se le brindan una única vez y cuya suma 'finita' compone la vida.  

 

     Por tanto, la finitud, la temporalidad, no sólo es una característica esencial de la vida humana, sino que es, además, un factor constitutivo del sentido mismo de la vida.

 

El sentido de la existencia humana se basa precisamente en su carácter irreversible. Por eso, sólo podemos comprender la responsabilidad de la vida de un hombre, siempre que la entendamos como una responsabilidad con vistas al carácter temporal de la vida, que sólo se vive una vez.

 

     La máxima del análisis de la existencia, al menos en el enfoque logoterapéutico de Frankl, podría presentarse, en general, bajo ésta fórmula imperativa: ¡Vive como si vivieses por segunda vez y como si la primera vez lo hubieses hecho todo de un modo tan falso como te dispones a hacerlo ahora!

 

     El carácter fragmentario de la vida, no menoscaba el sentido de ésta. No es la duración de una vida humana en el tiempo lo que determina la plenitud de su sentido. No cabe duda de que la vida heroica de un hombre muerto prematuramente encierra mayor contenido y mayor sentido que la existencia de cualquier filisteo que viva noventa años. Son muchas las sinfonías "inconclusas" que figuran entre las más bellas.

 

     Aún cuando la antorcha se apague, no quiere decir que su resplandor, mientras alumbró, no tuviese sentido alguno; lo que no tiene sentido, en cambio, es el irse pasando eternamente, en una interminable carrera de antorchas, una antorcha apagada. Lo que ha de alumbrar, tiene que arder. También tiene que consumirse, es decir, arder hasta 'el final'.

 

     De todo lo anterior, deducimos nuevamente nosotros que la vida no puede ser nunca un fin en sí y que la procreación de los hijos o la propagación de la vida no puede ser concebida, en modo alguno, como el sentido propio de ésta. Lejos de ello, recibe su sentido por obra de otros factores no  biológicos: espirituales, morales, estéticos, etc.  Estos factores representan, por tanto, un momento trascendente. La vida no trasciende de sí misma 'en longitud' -sino en profundidad-, en cuanto apunta a valores. Lo único que nos trasciende son nuestras obras y la memoria que de nosotros quede en los demás. Todavía tenemos el presente para hacer de nosotros lo que queramos dejar y que nos haga trascendentes.

 

 

 

III.   CONCLUSIONES.

 

     Si comprendemos a la filosofía como una forma de vivir, la muerte se torna un problema filosófico que nos lleva a cuestionar naturalmente nuestra condición metafísica. Una filosofía del absurdo da como solución para vivir en él, la actitud rebelde. El análisis existencial de la psicoterápia, por otro lado, nos conduce hacia la búsqueda de significado en nuestra vida mediante la responsabilidad y el trabajo.

 

     La búsqueda de sentido se inicia a un nivel simple y cotidiano. Se puede hallar sentido al responder a la situación del momento y al aceptar las tareas sencillas de la vida. Las actividades pueden hacer llegar sentido en varias formas - mediante el trabajo, los pasatiempos o aquéllos actos que efectuamos en bien de los demás-.

 

     Pero algunas veces, incluso con la mejor intención, resulta difícil encontrar sentido en el trabajo específico que se realiza. Afortunadamente, a medida que se reducen las horas de trabajo el individuo tiene mas oportunidad de entregarse a actividades significativas en sus horas de ocio, llenando el vacío existencial de la persona y sin representar simplemente un medio de escape.

 

 

     La segunda área en la cual, de acuerdo a la logoterápia, puede el hombre encontrar sentido, es la de valores tales como la belleza, la verdad o el amor. Aquí el sentido se  descubre mediante un recurso pasivo o receptivo, a diferencia de las ocupaciones en donde se trata de una actitud productiva. Aquí la mayor experiencia es la de el amor maduro -conocer a un ser humano en toda su personalidad.

 

     Que el sentido puede descubrirse mediante actividades y experiencias es algo que se comprende fácilmente. Todavía es más difícil comprender que el sentido también puede encontrarse  mediante las actitudes del hombre. Esta posibilidad adquiere importancia cuando el hombre se enfrenta a lo que Frankl llama "la triada trágica" : el sufrimiento inevitable, la culpa imborrable y la muerte. Así, cuando la persona está en una situación dolorosa que es incapaz de alterar, puede encontrar sentido si se le enfrenta con valor y dignidad dejando entonces un ejemplo para otras personas, a la vez que transforma su sufrimiento en una conquista suprema del espíritu humano.

 

 

               B I B L I O G R A F I A .

Fabry,Joseph B. (1984) La Búsqueda de Significado.

     Fondo de Cultura Económica, México,

Frankl, Viktor E. (1980) Ante el Vacío Existencial.

     Ed. Herder, Barcelona.

Pérez, Ana Rosa y Zerón, Antonio (1981) La Muerte en el

     Pensamiento de Albert Camus.

     Universidad Nacional Autónoma de México.

 

En caso de citar este documento por favor utiliza la siguiente referencia:  

Vargas-Mendoza, J. E. (2006)La muerte y el significado de la vida.México: Asociación Oaxaqueña de Psicología A.C. En http://www.conductitlan.net/muerte.htm

 
 
 
 
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Última actualización 1 de enero  del 2008