EL NEURÓTICO Y LA SEXÓLOGA 

Por Humberto Escobedo Cetina

 

 

 

 

A todos mis amigos y amigas.
 
“Mi Nombre es Adolfo y soy un neurótico”.
Un coro de voces contestaron: “bienvenido Adolfo y después un nutrido aplauso retumbó en el lugar.
Era un local de “Neuróticos Anónimos” de la ciudad de México.
El joven que estaba en el estrado, frente a los que diariamente asistían a sus reuniones, tenía unos 35 años, moreno y delgado.
Su rostro y su mirada eran tristes.
Cuando hablaba lo hacía con la mirada baja y no veía al público.
Todo el tiempo habló en voz baja y casi no se escuchaba lo que decía.
Comenzó diciendo: “hasta donde llega mi memoria he tenido energía sexual calmada y tranquila
“Los primeros recuerdos sobre mi sexualidad se inician en mi adolescencia, donde fui un discípulo de Onán, como hasta el día de hoy.
“El regalo que me dieron mis amigos, cuando cumplí 14 años fue “un momento de placer” con una vendedora de caricias, “una mujer mala”, que por cierto no fue tan mala conmigo.
“Al salir me estaban esperando para preguntarme. “¿Cómo te fue?”, les respondí: “sentí calientito su fuente de la vida”.
“En otra ocasión que caminaba cerca del zócalo, noté que una joven mujer iba delante de mí, contoneándose provocativamente.
“Se volteó y comenzó a platicar conmigo.
“Media hora después ya estábamos acostados  en la cama de un motel, resultó ser otra comerciante de caricias y “migajas de amor”.
“Hasta hoy sigo siendo un soltero crónico.
“Como un monje budista, toda mi vida he sido casi un asceta.
“Sin duda que en mi vida anterior estuve en un monasterio.
“No me he casado porque casi todos mis amigos matrimoniados me han dicho que no gozan sexualmente con sus mujeres.
“Aunque nunca he sentido un orgasmo, he leído que los neuróticos no saben lo que es un verdadero orgasmo.
“Al preguntarles si llegan a ese éxtasis sexual, ellos me han dicho que no y suponen que tampoco sus esposas.
“Algunos me han dicho que sospechan que sus compañeras son unas actrices consumadas, ya que fingen a gritos que están gozando”.
De pronto comenzó a llorar , posiblemente su corazón quería desahogar lluvias de lágrimas contenidas desde hacía muchos años.
Un silencio profundo invadió la estancia, para ser roto con un aplauso de todos los que estaban allí.
Pasó el tiempo y las sesiones eran monótonas y aburridas, hasta que se presentó una joven mujer a impartir una conferencia sobre terapia sexual.
Era una mujer de unos 30 años, de estatura mediana, morena, alegre y llena de vida.
Al verla, algunos pensaron en la canción “Cielito lindo”.
Tenía un cuerpo escultural que, como dijera García Márquez, despertaba animales dormidos y resucitaba cadáveres neuróticos.
Irradiaba tal erotismo que todos los miembros se pararon cuando hizo su entrada triunfal.
Casi todos los asistentes no podían creer lo que estaban viendo.
Algunos ni en sueños, ni mucho menos en su imaginación calenturienta habían concebido una hembra de ese pelaje.
Por cierto lo que nos llamaba mucho la atención, es que sus brazos tenían un fino bello negro, que nos hacía pensar que todo su cuerpo estaba peludo como el de una loba.
No habrá faltado algún lector obsesivo que recordó una novela de García Márquez, en la que su personaje rasuró todo el cuerpo de una mujer, para luego bañarla y tener relaciones con ella.
Su divino cuerpo estaba cubierto con un pantalón y una blusa entallados, de tal forma que casi no dejaba nada a la imaginación.
En dos palabras: era una “Diosa sexual”.
Sus senos eran grandes y se notaba que no tenían silicones, estaban erectos y desafiaban a  la gravedad que los atraía.
Su cintura era de avispa.
Sus nalgas… ¡qué nalgas¡ queridos lectores.
Un matemático que estaba presente le calculó unas medidas de 90-60-90.
Inició su conferencia afirmando que la neurosis, enfermedad que sufre la mayoría de los seres humanos, se debe a la represión del instinto sexual.
También informó: “Sigmund Freud escribió que la energía sexual no desaparece, sino se transforma”.
Agregó que esa energía se sublima, es decir se canaliza en actividades culturales o políticas.
Wilhelm Reich, les dijo, fue un discípulo rebelde de Freud, quien demostró que la sexualidad genital (procreativa), al no dirigirse al goce orgásmico, se reprime y aflora en síntomas neuróticos.  
Les habló de la existencia en varios países del mundo, de Institutos de psicoterapia sexual, que al igual que los freudianos, se dedican a curar neuróticos con sesiones, cursos y talleres.
A diferencia de dichos Institutos, donde cobran, ella gratuitamente impartía sus conferencias.
Como de algo tenía que vivir y para no prostituirse, llevaba siempre sus folletos, basados en la obra de Reich, mismos que vendía como pan, recién salido del horno.
Los únicos que no le compraban eran los masoquistas, por obvias razones.
Como  sedientos, agonizando en medio del desierto, esos grupos de neuróticos bebieron desesperadamente el agua de vida, que se encontraba en los libritos que ella distribuía.
Adolfo ansiosamente compró todos los folletos y corriendo se dirigió a su casa a devorarlos.
Un tiempo después cuando había tragado todo lo que ella había escrito se presentó al local de “NA.”, tuvo el valor suficiente para acercarse a ella y felicitarla por su labor humanista.
Cuando le dijo que había subrayado sus escritos  y que le gustaría expresarle sus comentarios, ella le informó que “no tenía tiempo”, pues su agenda estaba llena de actividades  pendientes.
Adolfo sintió que el mundo se le caía encima.
Muy triste y arrastrando su cobija, digo su alma, se encaminó a su domicilio.
Al llegar se puso a meditar horas y horas.
Hasta que se prendió el foco de su memoria.
Recordó que en su librero tenía un librito titulado “El poder de la autoestima”, así como la obra “El secreto” y algunas notas sobre “El pensamiento positivo”.
Lo primero que hizo fue sintetizar todo en un mapa mental, el cual pegó en la pared de su cuarto de estudio.
Como siguiente paso escribió con precisión y exactitud cuáles eran sus deseos.
Al terminar esa lista la puso al lado del mapa.
Su principal deseo era ser secretario de la terapeuta, acompañarla en sus conferencias y que sea su sanadora sexual.
Luego cerró los ojos, respiró profundamente y fue relajando todo su cuerpo.
Ya relajado completamente se vio acompañando a la terapeuta en cada lugar donde ella se presentaba.
La siguiente escena que visualizó fue que al terminar una de las conferencias, se dirigieron al departamento de ella.
Una vez en la recámara, se desnudaron y ella comenzó a besarle todo su frígido cuerpo.
Sus cinco sentidos estaban gozando ese instante.
La veía desnuda, sentía que sus dedos tocaban la suavidad de su cuerpo, olía el perfume feronómico que ella despedía, sus papilas  gustativas saboreaban la dulzura de su piel, al mismo tiempo que escuchaba su melodiosa voz que le acariciaba el alma.
Esos momentos los redactó y luego los grabó para escucharlos día y noche.
Ni durmiendo dejó de oír su grabación, pues al acostarse, colocaba el disco en su walkman y se ponía los audífonos.
Las visualizaciones, la lectura de esos momentos que tanto deseaba y la grabación que escuchaba los realizó durante un mes.
Al terminar ese periodo, se presentó de nuevo al local donde la conoció y preguntó si alguien sabía donde impartiría ella su conferencia.
Uno de los más viejos miembros de NA. le informó que al día siguiente debía estar en un local de la ciudad de Guadalajara.
Rápidamente se dirigió a la central del norte para viajar a la capital de Jalisco.
Al llegar abordó un taxi para que lo trasportara a local que le habían dicho.
Ya había caído la noche cuando estuvo en el lugar señalado.
Uno de sus compañeros le informó que ella se había retirado.
Como estaba decidido a verla, le preguntó al mismo informante si sabía la dirección donde ella vivía o donde la podía encontrar.
Le contestaron que no sabían su domicilio, pero que todas las mañanas iba a correr en el parque “Colonos”.
Al escuchar lo anterior se dirigió a un hotel para descansar.
Una vez alojado, cenó, se bañó y antes de dormir siguió escuchando la grabación de lo que más deseaba en la vida.
A las 5 de la mañana se despertó, se duchó y al salir del hotel otro taxi lo traslado hacia el parque indicado.
Como el bosque estaba dividido en dos partes, decidió primero correr en la segunda sección.
Ya estaba visualizando como estaba vestida y que estaba corriendo a su lado platicando.
Tal como lo había imaginado, al dar vuelta en un camino, cuyo piso era de pedazos de madera, sus ojos brincaron de alegría al verla.
Tenía una blusa en la que se podía ver parte de sus enormes senos y un short que enseñaba sus preciosas piernas morenas, cubiertas con un fino bello.
Poco a poco la fue alcanzando y al estar al par con ella la saludó y le recordó donde se conocieron.
Al principio ella no se acordaba, pero cuando él dijo la fecha, su nombre, y que le había comprado la colección completa de sus escritos en un local de NA en la ciudad de México, lo reconoció.
Le dijo que desde que lo conoció estuvo pensando en él casi todo el tiempo.
Y que ciertamente en esos días estaba muy ocupada, pero que en ese momento ya tenía las mañanas libres para correr y hacer todo lo que le gustaba.
Sin dudarlo la invitó a platicar en el césped del bosque en donde se encontraban.
Ella accedió alegremente.
En ese instante se le paró el corazón de alegría al neurótico.
Afortunadamente no era un paro cardiaco.
Comenzó a platicarle de su triste y solitaria vida, encerrado, desde hace años, en solitaria casa.
Al terminar, ella le dijo que desde hace tiempo ha conocido muchos neuróticos como él, a los que ha curado
Fue cuando él recordó una película “Dulce noviembre” en la que una bellísima actriz, interpreta a una joven que da su amor sexual, durante 30 días, a un joven diferente y se lo dijo.
Ella comentó que también la había visto y que ya lo había realizado con algunos enfermos, por lo que le propuso todas las sesiones necesarias para curar su neurosis, a cambio de que le ayudara en las actividades de proselitismo y difusión de sus ideas subversivas.
Como estaba desempleado, casi gritó orgásmicamente cuando le respondió que la ayudaría con mucho placer.
El pacto quedó sellado con un beso en el panal de sus labios.
Desde ese instante fue el hombre más feliz de la tierra.
Considero que este no es el lugar para contarles, sus actividades para difundir las ideas de libertad sexual de Wilhelm  Reich.
Pero si les contaré como la terapeuta sexual le curó la neurosis que sufría Adolfo.
En la primera sesión, en el departamento de ella, por falta de práctica sexual de años, su animalito estaba congelado, muerto.
Ni el himno nacional lo levantaría.
Al darse cuenta y con paciencia asiática, lo bañó con un jabón especial, que contiene un hongo medicinal.
Ya en la cama, como Eva y Adán, le besó cariñosamente todo su frígido cuerpo, que fue calentando poco a poco.
Como un lobezno comenzó a chupar sus senos, para terminar de amamantarse.
Fue cuando se dio cuenta de que era una virtuosa de la flauta.
Supo sacarle las melodías más bellas que  tenía escondidas en lo más hondo de su alma.
Después le enseñó el simbolismo de un número cabalístico, que mis lectores ya habrán pensado.
Me refiero al 69.
Después, como en la película 9 semanas y media, derramó sobre su amargo cuerpo, miel de abeja virgen, para así lamerlo desde su frente hasta los dedos de sus pies.
De todas las terapias que conozco, estoy seguro que la que le aplicaba sirve para curar hasta el cáncer.
Cuando terminó de pasar su lengua, comenzó a sentir que los cerillos que tenía dentro del cuerpo, se fueron encendiendo, como en la novela “Como agua para chocolate”.
Sintió que unas chispas de las cenizas que tenía, fueron reviviendo hasta que un incendio se expandía por todo su cuerpo.
Ella no se rezagaba, pues estaba completamente excitada
Fue cuando la terapeuta comenzó a dirigir la batalla, pues tomó delicadamente en sus manos el báculo del rey y lo puso en el lugar que ustedes ya saben.
Bocaccio en uno de sus cuentos de El Decamerón le llamó colocar al diablo en el infierno.
Ya se imaginarán que dicho diablito ya había despertado y expulsaba un lubricante no industrial.
El pequeño diablo ya era todo un diablo bien erguido y rojo.
Como la terapeuta conocía el tantra yoga, le fue guiando para que lentamente ella cabalgara sin que el caballo se alocara.
Cuando notaba, por sus gritos, que estaba a punto de irse y venirse del cielo, ella le decía dulcemente al oído: “detente  pichoncito”.
Lo cual él hacía obedientemente.
No me creerán, estuvieron conectados con la energía cósmica como media hora, que a ellos les parecieron horas.
Hasta que la directora de orquesta finalizó el concierto, dándole la orden de que la primera sinfonía había terminado.
En ese fugaz instante sintió que flotaba en el espacio como un astronauta.
Al igual que el caballero de la armadura oxidada, era una luz blanca,  era todo amor.
 


www.conductitlan.net
Tus comentarios nos resultan útiles y estimulantes escribe a: 
comentarios @conductitlan.net

OPEN ACCESS
La asociación promueve la reproducción parcial o  total de este documento sin fines de lucro y citando las fuentes.


Asociación Oaxaqueña de Psicología A.C.Calzada Madero 1304, Centro, Oaxaca de Juárez, Oaxaca, México. C.P. 68000 Tel. (951)5010653, (951) 5495923
comentarios@conductitlan.net

Para visualizar correctamente este sitio Mozilla FireFox 
 


Última actualización 30 de enero  del 2010