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FACISMO TÍPICO Y FACISMO ATÍPICO
Resumen Iván Munóz Arévalo
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Con la implantación
de gobiernos militares de derecha en Bolivia, Ecuador, Paraguay, Brasil o de
dictaduras militarizadas en otras partes de Latinoamérica, y fundamentalmente a
partir del cruento golpe militar en Chile, politólogos y dirigentes políticos
han retomado el epíteto o la categoría de fascismo para caracterizar y
referirse a estos regímenes, debido, seguramente, a ciertas similitudes
formales e ideológicas con aquellos que, como el nacionalsocialismo alemán, el
falangismo español o el fascismo italiano se dieron en Europa después de la
Primera Guerra Mundial. El termino así
genéricamente usado podría llevarnos a pensar en un mismo proceso político y
por lo tanto en soluciones similares a aquellas planteadas en el pasado. De ahí
la necesidad de un diagnóstico diferencial. Desde el punto
de vista de su variable económica, llamaremos fascismo típico al
fenómeno político, fundamentalmente europeo, inherente a la fase del desarrollo
de la acumulación capitalista que Lenin denominó imperialismo y que se
caracteriza por: a) concentración de la producción y del capital en alto grado
y creación de monopolios que domina la vida económica; b) fusión del capital
bancario con el capital industrial, que crea el capital financiero y por
consiguiente la oligarquía financiera; c) exportación de capitales; d)
formación de asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas que se
reparten el mundo; y e) termino del reparto territorial del mundo por las
grandes potencias. Todo lo
anterior nos situa en una etapa de crisis general del sistema capitalista
mundial, enfrentado desde la década de los veintes, al primer país socialista,
la URSS, y a la proliferación de organizaciones, movimientos y partidos proletarios
y de trabajadores en todo el mundo. Es decir, en la crisis del sistema se
engendra lo contrario. En este
contexto se dio el fascismo, sobre todo en países imperialistas que para
mantenerse como tales debieron producir una rápida acumulación, que el régimen
político tradicional no era capaz de permitir. Desde el punto
de vista de su variable social o de clases , el fascismo se dio en países donde
la agudización de las contradicciones clasisteas se constituyo en seria amenaza
para una burguesía débil y descohesionada ante el avance del proletariado y las
expresiones más radicalizadas del socialismo (comunistas, maximalistas,
espartaquistas, etc.). Ante esta situación la burguesía estabelcio una alianza
con sectores medios, logro la unión de las burocracias civiles y militares y
las puso a su servicio. Las clases
medias no tienen un proyecto histórico propio y pueden, por lo tanto, ser
atraídas a cualquiera de los polos de la lucha de clases. De esta
suerte, las burguesías de los imperialismos nacionales más débiles se vieron amenazadas
en tres frentes: a) la rivalidad con otros imperialismos nacionales; b) la
lucha interna con el proletariado y sus organizaciones y partidos de clase; y
c) la existencia del primer estado socialista y sus posibles secuelas, por
ejemplo el gobierno húngaro de Bela Kuhn, la toma de fabricas en el norte de
Italia y el espartaquismo alemán, que hicieron pensar en una eventual rapid
socialización de toda Europa y de la cual emana todo el antibolcheviquismo de
la políticas fascistas. El fascismo
típico es antiproletario, antisocialista, antibolchevique,
anti-internacionalista y verbalmente anticapitalista. El fascismo
típico es también militarista. Su militarización de la burocracia estatal y
partidaria se explica porque la rivalidad
interimperialista y el eventual choque con el primer estado socialista se
habría de jugar con la última e inminente carta del juego político: la
guerra. Por otra parte, la
militarización hacia posible y eficaz la represión al proletariado y a sus
organizaciones y partidos de clase para lograr, no solo la eliminación del
enemigo interno, sino fundamentalmente una superexplotacion autoritaria que
produjera una rápida acumulación, que bajo un gobierno burgues tradicional, era
imposible lograr y que además era indispensable para una eficaz competencia con
otros imperialismos. El fascismo
atipico o de la dependencia, a pesar de tener similutudes formales con el
fascismo típico hay que encuadrarlo en otro contexto. Se inicia pues
la etapa de la internalización del capital y de la creación de empresas
multinacionales que, debido a su creciente autonomía, deviene n en
transnacionales. Esto configura la creación de un centro capitalista
imperialista mundial y una red periférica dependiente de él. Al mismo tiempo se
ha configurado un area socialista en Europa, Asia y otros sitios, que va en
proceso de aumento, con sus propias leyes, relaciones acuerdos, e inclusive
conflictos, que de hecho han reducido sensiblemente el área del capitalismo
mundial. Como ideología
ya o se transmiten ya mensajes para defender la nacionalidad, la patria o la
tradición (como lo hicieron los fascimos tipicos) sino que la defensa del mundo
libre, la cultura occidental, el hemisferio, es decir, el sistema capitalista
mundial. EEUU lideriza al sistema y se plantea una situación permanente de
guerra interna, (al interior del sistema), y su ejército instruye a los otros
de la red periférica en tácticas de guerra, no convencional, sino de
contrainsurgencia. Las tácticas contrainsurgentes se dirigen contra aquellos
que se insurgen contra el sistema mundial, grupos, movimientos, partidos,
corrientes de opinión, zonas, pueblos, naciones enteras. De ahí la
característica fundamentalmente exógena (aunque no exclusiva) de esta forma
nueva de fascismo de la dependencia o fascismo atípico. De esta
suerte, los ejércitos golpistas latinoamericanos juegan el papel de mercenarios
al servicio del poder central, de tropas de ocupación extranjera, aunque los
soldados sean nativos del país en cuestión. Sus políticos se realizan a la
defensa, y no como en los fascismos típicos, de una burguesía nacional autónoma
de un capitalismo imperialista nacional sino en beneficio de una burguesía
subsidiaria de poder central y de un capitalismo dependiente del centro, es
decir, en defensa del centro mismo y su estructura. De esta
suerte, se reafirma la necesidad de un diagnostico diferencial entre los dos
tipos de fascismo: entre uno fundamentalmente endógeno y otro fundamentalmente
exógeno (lo que no excluye sus manifestaciones endógenas); entre uno nacional y
otro dependiente, uno y otro expresión de distintas etapas de la acumulación
capitalista. Bibliografia:
Cassigoli, A., fascismo típico y fascismo atípico, Nueva Politica, 1, 175-180. | |
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