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LA PSICOLOGÍA, LA IDEOLOGÍA, LA UTOPÍA Y LA COMUNALIDAD DENNIS R. FOX
Traducción y resumen: Jaime Ernesto Vargas-Mendoza
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Resumen.
El fracaso de los científicos sociales al no cuestionar seriamente sus propias
suposiciones ideológicas y metodológicas, ha contribuido a la compleja
interrelación entre los problemas psicológicos individuales y los ecológicos-
globales. Buena parte de la literatura sobre la tragedia de la comunalidad se
enfoca en salvar la comunidad global mediante un incremento en la centralización
y la regulación, a expensas de la autonomía individual y el sentido psicológico
de la comunalidad. La especulación “Utópica” en general y el análisis político
anarquista en particular son correctivos necesarios de los intentos fallidos de
hacer un mero reacomodo de elementos del estatus quo, en lugar de alterarlo
radicalmente en dirección de la supervivencia y la dignidad humana.
1.
Los psicólogos que gastan sus energías buscando solución a los problemas
sociales y globales, frecuentemente se ven exasperadamente de acuerdo con la
exclamación de M. B. Smith (1972) de que “En la política social, frecuentemente
para abrirse paso ante un problema, debe atacarse otro igualmente difícil”. De
manera que, no nos sorprende que a través del tiempo se hayan hecho muchas
llamadas para “intentar comprender los problemas sociales en su integridad,
desde un punto de vista holístico y sistémico, en lugar de concentrarse en solo
una dimensión del problema y proponer soluciones parciales” (Caplan & Nelson,
1973). Desafortunadamente, tales llamados frecuentes son desoídos por los
investigadores que no cuestionan el enfoque del tema-simple y que tipifican la
investigación en una diversidad de dilemas humanos. Resulta aún más inquietante,
pienso, que muchos de los que conscientemente se adhieren a soluciones
comprensivas más radicales, igualmente no examinan sus propias suposiciones
básicas y, como resultado, sus propuestas muy frecuentemente apuntan en la
dirección equivocada.
2.
Por supuesto, en cierto sentido, aún el enfoque del “pensador libre” es mejor
que la insistencia conservadora del “científico puro”, quien piensa que los
científicos en aras de la objetividad no deben buscar cambio alguno. Aunque
también muchos psicólogos coinciden con Bevan (1982) al urgir un compromiso
moral para ayudar a resolver problemas nacionales, también son muchos los que no
siguen la lógica de esta propuesta (originalmente expresada por Millar, 1969),
afirmando que estos “problemas humanos, si se toman en serio, seguramente
requerirán que la humanidad cambie su comportamiento, tanto individual como
colectivamente y muy probablemente también, implique un cambio en las
instituciones sociales” (Bevan, 1982). Los psicólogos que han urgido a sus
compañeros a enfrentar con seriedad, en lugar de fortalecer al estatus quo,
permanecen siendo una minoría y aquéllos dentro del espectro moderado-liberal,
generalmente actúan con la creencia de que es posible el cambio social (y
deseable), solo en un rango estrecho de opciones “realistas”.
3.
Los académicos que sugieren un cambio radical para poder enfrentar la
degradación ambiental, la escasez de recursos, el desorden económico y político,
así como el sufrimiento personal, se encuentran con más frecuencia en otras
ciencias sociales y no en la psicología (situación que debería en sí misma
estimular alguna reflexión entre los psicólogos sobre su propio lugar en la
sociedad). Desafortunadamente, tales propuestas radicales generalmente provienen
ya sea de la izquierda marxista, invocando la transformación del estado
capitalista en uno socialista centralizado o desde la derecha Hobbesiana,
invocando el abandono de la igualdad y la libertad individual, para preservar el
ambiente global. Estas proposiciones son, en la superficie, difíciles de
alcanzar.
4.
Para nuestros propósitos en este documento, los dilemas de la sociedad moderna
pueden convenientemente dividirse en dos amplias categorías: problemas de la
ecología global y problemas de las necesidades y valores individuales. Estas dos
categorías se interrelacionan y es central para mi argumentación ver que la
soluciones capaces de resolver ambos aspectos de los problemas, podrán a la
larga resolver verdaderamente cualquiera de los dos. Lo que estoy sugiriendo
aquí es que los psicólogos no deben poner demasiado interés en buscar soluciones
comprensivas que promuevan reformas no liberales o centralizaciones radicales,
sino, una descentralización radical. Solo mediante este proceso podremos
revertir una crisis global mayor, al tiempo que simultáneamente expandimos la
dignidad humana y satisfacemos las necesidades de las personas.
5.
Este argumento (de que seriamente consideremos la meta utópica de la
descentralización, para tener una sociedad federada de pequeñas comunidades
autónomas) combina diversas líneas de pensamiento, que generalmente se han
mantenido independientes, incluyendo la insistencia de Moos y Brownstein (1977)
de que alguna forma de utopía ecológico-política se necesita para preservar el
ambiente. La sugerencia de que la descentralización, de una forma o de otra, de
hecho ayudará a resolver los dilemas globales (Edney, 1980, 1981a; Harris, 1981;
Tax, 1977; Taylor, 1976). Así como el reconocimiento de Sarason (1976/1982) de
lo que él llamó la intuición anarquista de que el estado centralizado ha
mezclado los problemas individuales relacionados tanto con la autonomía como con
el sentido psicológico de la comunidad. Debe quedar claro que este argumento es
parcialmente un argumento ideológico (explícitamente basado en un análisis
anarquista) y no solo un argumento empírico. También debería quedar claro que
cualquier otro argumento que se oponga a este, es igualmente un argumento
ideológico. Las decisiones sobre
qué necesidades y valores humanos son más importantes de satisfacer, qué forma
de sociedad alternativa debemos tomar o qué métodos de transición son mejores,
no pueden basarse solo en un criterio “objetivo”. La ciencia social no es (y no
puede estar) exenta de valores (Rein, 1976).
6.
Los Problemas de
7.
Como un ejemplo, uno de los énfasis principales de la psicología y otros campos,
ha sido una creciente publicación de documentos que son una derivación del
artículo de Hardin (1968) sobre “la tragedia de la comunalidad”. Hardin, un
biólogo, describió una situación en la que individuos “racionales” que solo se
fijan en su propio interés, inevitablemente destruirían lo que usan de la
comunidad, en la medida en que cada quien gane el beneficio máximo de su uso
individual de lo comunitario, pagando solo un pequeño porcentaje de los costos.
Para esto, Hardin se atiene (como solución) a una postura de derecha con
fuertes controles para tener hijos y consumir recursos, en la creencia de que
las personas no cooperarían voluntariamente para el bien común.
8.
La tesis de Hardin ha sido repetida por muchos de los que han aceptado sus
suposiciones y su llamado para tener un estado más fuerte y centralizado, capaz
de salvar lo que nos es común. Por ejemplo, Heilbroner (1980) escribió que “en
la prospectiva que miro, no solo predigo sino prescribo la centralización del
poder como la única manera de que nuestra peligrosa y amenazada civilización,
puede sobrevivir para nuestros sucesores”. En su visión, nuestra supervivencia
depende de “nuestra susceptibilidad de acudir a una identidad nacional” y
nuestra “disposición para aceptar la autoridad”.
9.
Sin embargo, esta conclusión centralista, aparentemente obvia, pretende ser
convincente debido a que tiene lo que Roberts (1979) llama
“la ventaja de la
simplicidad”, una ventaja que lleva a “una aceptación acrítica… de falsas
suposiciones” y a “una búsqueda de salvación por caminos que indubitablemente
nos conducirán a la destrucción”.
10.
Los Problemas de las Necesidades y los Valores Individuales.-
Visualizamos los problemas globales como problemas debido a que, a la larga,
amenazan a los individuos. Por ejemplo, independientemente de su distribución,
el hambre en el mundo es principalmente el resultado de la sobrepoblación, la
distribución ineficiente de los recursos, la innecesaria exaltación de una
alimentación rica en proteínas y grasas en la dieta del mundo industrializado,
la explotación capitalista del tercer mundo por las corporaciones
multinacionales o una combinación de todos estos factores (Lappe & Collins,
1978), el hecho es que las personas mueren como consecuencia de procesos
sociales a larga escala, que no están bajo su control inmediato. Al mismo
tiempo, la acción combinada de millones de personas, moldean esos mismos eventos
globales. Este obvio vínculo entre
los desarrollos de la gran sociedad y los intentos de los individuos por
satisfacer sus necesidades vitales, se ubica en el centro del pensamiento
ecológico moderno respecto a los dilemas globales.
11.
La determinación de lo que son nuestras necesidades y valores actuales (o
deberían de ser), cómo se forman (dado, al menos, nuestro particular contexto
social, económico e histórico), en qué medida se pueden cambiar, y cómo es que
los individuos pueden satisfacerlos, ha sido una preocupación, comprensible, de
un gran número de psicólogos a partir de una variedad de perspectivas teóricas,
muchos de los cuales han llenado los estantes de las librerías con advertencias
para las personas con problemas, acerca de cómo relacionarse unos con otros, ser
creativos, establecer prioridades, evitar la timidez, escapar de la depresión,
actuar acertadamente, y enfrentar el estrés aparentemente inevitable de la vida
moderna. Sería más sencillo examinar esta plétora de motivos individuales, si
los separamos en los que tienen que ver con la autonomía (como la
individualidad, la asertividad, el logro y la libertad) de los que se relacionan
con lo que Sarason (1974) denominó como el sentido psicológico de la comunidad
(como la interdependencia, la cooperación, la afiliación, la intimidad y la
pertenencia). Por supuesto, hay otras necesidades y valores que no se pueden
categorizar tan fácil, pero esta clasificación resulta particularmente útil.
12.
Aronson (1980) nota que “la tensión entre los valores asociados con la
individualidad y los valores asociados con la conformidad” ha sido un tema del
debate filosófico y de la actividad política desde Aristóteles, pasando por
Hobbes y Rousseau, hasta el presente.
13.
Bakan (1966) urge a los psicólogos para hacer más énfasis en el equilibrio entre
lo personal y “los rasgos colectivos de la psique”.
Sin embargo, independientemente de su origen ideológico, el punto
esencial, que la salud psicológica requiere de un balance entre la autonomía
individual y el sentido psicológico de la comunidad, debe tomarse con seriedad,
por aquellos que promueven
soluciones radicales para los problemas sociales, así como por los que promueven
una reforma liberal.
14.
Hacia las Soluciones Comprensivas.-
La interrogante persiste : ¿Cómo podremos preservar la comunalidad global y al
mismo tiempo facilitar que los individuos consigan autonomía y un sentido
psicológico de comunitarismo?
La dificultad con la mayoría de las soluciones propuestas ante las crisis
ecológicas está en que, aunque a veces parecen ser formas eficientes de
enfrentar el deterioro del ecosistema, solo tratan los síntomas y fracasan en
curar la enfermedad subyacente. Además, el llamado colectivo para un incremento
en la centralización coercitiva traerá, si se instrumenta, un mayor aumento de
los problemas psicológicos individuales, al reducir tanto la autonomía como la
interdependencia, aumentando la alineación, el tedio y la competencia. No es de
sorprendernos, entonces, de la amplia resistencia popular ante tales soluciones
de un estado coercitivo.
15.
Por el otro lado, los intentos por enfrentar los problemas individuales
únicamente mediante la terapia uno-a-uno, las campañas de difusión, el
establecimiento de grupos de auto-ayuda o cambios minúsculos en las
instituciones, no van más allá. Como ya lo expresó Albee (1982),
“se necesita más que una amplia y onerosa reforma social”
para prevenir (y no solo “tratar”) los “trastornos emocionales de nuestra
sociedad (mismos) que son debidos a influencias sociales deshumanizantes”, como
la opresión, el trabajo sin significado, el racismo y el sexismo.
16.
Disentimiento de
17.
Taylor (1976) señala que el bajo nivel de cooperación voluntaria que típicamente
se encuentra en los grandes grupos y naciones, no quiere decir que el estado
deba fortalecerse. Igualmente lógica es la conclusión de que la sociedad debería
reorganizarse como una red de grupos pequeños, los que promoverían un sentido de
pertenencia y estimularían la cooperación. Taylor argumenta que las personas que
confían en el control del estado (paternalista), pierden su habilidad de
funcionar autónomamente y que en ausencia de un estado centralizado, la gente
eventualmente recuperaría su habilidad, así como su motivación para proteger la
comunalidad.
18.
Edney (1980, 1981a) también argumenta que las soluciones a largo plazo
requieren, entre otras cosas, fraccionar la comunidad en pequeños segmentos. “Un
enfoque renovado sobre el grupo en sí mismo, la facilidad para supervisar las
formas de explotación y las oportunidades para desarrollar la confianza entre
los individuos mediante un contacto cara-a-cara, también se verían
posibilitados”.
19.
Así pues, permanece el dilema sin solución para el mundo moderno, dilema que han
enfrentado los anarquistas repetidamente : ¿Quiénes preservarán la vida
comunitaria en una sociedad masificada?
¿Qué valores y de quienes, serán impuestos? ¿La moralidad de
quien será la que se codifique como ley?
20.
Resistiendo
21.
Aparentemente, mucha gente asume que un enfoque descentralizador es imposible o
insostenible. Sin embargo, descartar la descentralización radical como
imposible, tiene mas que ver con una preferencia ciega por el estatus quo, quizá
basadas en una visión negativa pesimista de la naturaleza humana, de lo que
tendría que ver si se hiciera un análisis no prejuiciado de la evidencia.
22.
Una sociedad descentralizada sería muy diferente y habría muchos quienes
preferirían las cosas como ahora son, incluyendo muchos psicólogos que se llevan
una tajada de la situación que prevalece (Sarason, 1981).
23.
Los Anarquistas y
24.
Aunque el término anarquía es generalmente usado por los medios para referirse a
lo “caótico” y “violento”, trayendo a la imaginación pública imágenes de
psicópatas que lanzan bombas, y considerando aún que hay quienes se llaman a sí
mismos anarquistas para causar impacto o para rechazar toda forma de orden
social, la verdad es algo más complicada. Como lo dijo Barclay (1982), el
anarquismo como una filosofía política no se opone a la estructura, al orden o a
la sociedad… La cuestión para los anarquistas no es si debe haber o no
estructura, sino de qué tipo debe ser y cuáles deben ser sus fuentes. El
individuo o el grupo que tenga suficiente libertad para auto-regularse, tendrá
el más alto grado de orden. La imposición del orden desde arriba y desde fuera,
produce resentimiento y rebelión, luego, se torna una fuerza para el desorden.
25.
El enfoque anarquista que sostiene que
la competencia y la violencia no son partes inevitables de la naturaleza humana
ha sido desarrollado, entre otros, por Kropotkin, cuyo libro “Mutual A: A factor
in Evolution” (1902/1955), aún se cita en la literatura psicológica como
evidencia de las tendencias naturales hacia la cooperación, que tiene un gran
valor para la supervivencia, tanto para los humanos como para los animales.
Aunque, por supuesto, ha habido anarquistas violentos, la filosofía anarquista
es claramente compatible con la creación de un mundo cooperativo y no violento,
como han insistido muchos anarquistas pacifistas.
26.
El enfoque típico anarquista, nos debe quedar claro, se encuentra en total
oposición con Hardin (1977).
27.
El anarquismo busca la creación de una sociedad descentralizada de pequeñas
comunidades auto-gestivas, no sujetas a los dictados de un estado centralista
(confederadas con otras comunidades para una necesaria coordinación), siendo
psicológicamente más sanas, fortalecerían la cooperación y ayudarían a
transformar los valores materiales individualistas en valores menos dañinos para
los individuos así como para la comunidad como un todo. Por definición, los
anarquistas se oponen a las soluciones que conducen a un estado de gran poder.
Goodman (1966/1979) apunta a lo que llama el “principio anarquista”, que
sostiene que “la conducta valiosa solo ocurre como una respuesta libre y directa
de individuos o de grupos voluntarios, ante las condiciones que presente el
ambiente histórico”, lo que es “una hipótesis psicológica con obvias
implicaciones políticas” (vea también lo que dice Chomsky, 1973; 1981a).
28.
También Maslow (1971) aprobó el énfasis
anarquista sobre la relación ecológica con la naturaleza, su propuesta
descentralizadora, de autonomía local y de responsabilidad personal y su
desconfianza en la fuerza, las grandes organizaciones y la acumulación del
poder. Deplorando el hecho de que “muchos intelectuales sepan poco o nada acerca
del anarquismo filosófico”, procedió a identificar la anarquía como el nivel más
alto de organización en la política y la economía, para aquellos que posean una
auto-actualización “trascendente”.
29.
Los defensores del anarquismo no se limitan a ver que una sociedad anarquista
sería psicológicamente más sana para sus miembros y más armónica con las
realidades del medio ambiente. Por ejemplo, el anarquismo también se ha
fundamentado en una base filosófica (Ritter, 1980; Wolf, 1970).
Además, muchos antropólogos han defendido que la pequeña anarquía
igualitaria es “el tipo más antiguo de política y uno de los que más ha
caracterizado a la historia humana” (Barclay, 1982; Fried, 1967; Taylor, 1982).
En contraste con el tono Hobbesiano tan popular en el pensamiento contemporáneo,
Barclay hace notar que “claramente, el registro antropológico no apoya a Hobbes
de ninguna manera. Las sociedades sin estado son menos violentas y brutales que
las que optan por un estado” (p.28, véase también a Orbell & Rutherford, 1973).
30.
Sin embargo, las propuestas de los teóricos anarquistas, así como las soluciones
que ofrecen los científicos sociales que disienten
de la ideología dominante, son frecuentemente desestimadas pues se les
tilda de necesariamente equivocadas, debido a que se les considera impracticas,
utópicas e imposibles de implementar en el mundo moderno.
31.
Especulaciones Prácticas y Especulaciones Utópicas.-
La etiqueta de utopía es asignada con frecuencia a los exhortos sobre un cambio
comprensivo y es una forma de satanización para evitar que se les de una
consideración seria. Por supuesto, aunque nunca tengamos una sociedad perfecta,
el aumentar la especulación utópica por parte de los científicos sociales podría
incrementar la posibilidad de buscar (y quizá encontrar) soluciones más
efectivas para los problemas complejos. Mantener la utopía en la cabeza, puede
prevenir que nos quedemos en las reformas menores, cuando podrían ser posibles
los cambios más significativos.
Referencia:
Dennis R. Fox
American Psychologist
1985, 40, 48-58
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En caso de citar este documento por favor utiliza la siguiente referencia: Vargas-Mendoza, J. E. (2008) La psicología, la ideología, la utopía y la comunalidad. Resumen. México: Asociación Oaxaqueña de Psicología A.C. En http://www.conductitlan.net/psicologia_ideologia_utopia_comunalidad.html |
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