RICHARD RORTY

APUNTES PARA UN SEMINARIO

 

Por Jaime Ernesto Vargas Mendoza

 

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C O N T E N I D O :

 

1.                   Consecuencias del Pragmatismo

                        Richard Rorty

            2. Pragmatismos y relativismo:

                        C. S. Peirce y R. Rorty
                        Dr. Jaime Nubiola

3.       Pragmatismo, ciencia y sociedad:

Una revisión del libro de Richard Rorty “Objectivity, Relativism, and Truth: Philosophical Papers, Volume 1

Sam Leigland

 

 

 

 

CONSECUENCIAS DEL PRAGMATISMO.

Richard Rorty

University of Minnesota , Press. 1982

 

1.       PLATONISTAS, POSITIVISTAS Y PRAGMATISTAS.- Los ensayos que contiene este libro son intentos para delinear las consecuencias de una teoría pragmática sobre la verdad. Esta teoría afirma que la verdad no es la clase de cosa que uno esperaría que contara con una teoría filosófica interesante sobre ella. Para los pragmatistas, “verdad” es solo el nombre de una propiedad que comparten todas las proposiciones verdaderas ... Los pragmatistas dudan que se pueda decir mucho sobre esta característica en común ... Ellos ven ciertas acciones como buenas para ser ejecutadas, bajo las circunstancias, pero dudan que haya algo general y útil de expresar, que las haga buenas a todas ellas. Expresar cierta proposición (o la adopción de la disposición para expresar la proposición, la adquisición consciente de la creencia) es un acto justificable y digno de alabanza en ciertas circunstancias. Pero, finalmente, es improbable que haya algo general y útil de decirse sobre lo que hace buenas a TODAS esas acciones (comparado con la característica común de todas las proposiciones que uno pudiera adquirir la disposición de expresar).

2.       Alguna gente ... pudo haber encontrado algo interesante que decir sobre la esencia de la Verdad. Pero la realidad es que no es así. La historia de los intentos por lograrlo y de las críticas a tales intentos es casi equiparable a la historia de ese género literario llamado “filosofía” (género fundado por Platón).       De manera que los pragmatistas ven la tradición Platónica como algo que ha vivido mas de lo que resulta útil. Lo que no quiere decir que nos ofrezcan un nuevo conjunto de respuestas no-platónicas a las preguntas platónicas, sino que ellos piensan que no deberíamos hacernos mas esas preguntas.

3.       Los pragmatistas persisten en encontrar formas de hacer planteamientos anti-filosóficos en un lenguaje        no-filosófico. Pero enfrentan un dilema, si su lenguaje es muy no-filosófico, muy “literal”, serán acusados de hablar de otra cosa y si su lenguaje es muy filosófico, entonces incorporará supuestos platónicos, que harán imposible que el pragmatista establezca la conclusión que desea alcanzar.

4.       Todo esto se complica ya que la “filosofía”, como la “verdad” y lo “bueno” son temas ambiguos.  “Bonomía” y “verdad” con minúsculas, se refieren a propiedades de las proposiciones o también, de las acciones y las situaciones. Con mayúsculas, son los nombres propios de objetos (metas o estándares, que uno podría desear con todo el corazón, el alma y la mente, objetos de deseo).De manera semejante, “Filosofía” podría significar simplemente lo que Sellars llamaba “un intento por ver cómo las cosas se conjuntan, en el sentido mas amplio del término” ... aunque la expresión también podría denotar algo mas especializado, al tiempo que dudoso ... con la idea de creer en mas verdades y hacer mas el bien o ser mas racional por saber mas acerca de la Verdad , la Bondad o la Racionalidad. Hay que escribir con mayúscula el término “filosofía” cuando se usa en este segundo sentido, con objeto de dejar en claro que la Filosofía , la Verdad , la Bonomía y la Racionalidad son concepciones Platónicas entrelazadas. Los pragmatistas, por su parte, nos indican que la mayor esperanza para la filosofía está en no practicar la Filosofía. Son de la idea de que no sirve de nada decir algo verdadero cuando se piensa sobre la Verdad , ni ayuda en nada el actuar bien cuando se piensa en lo Bueno, ni resulta útil ser racional cuando se piensa en la Racionalidad.

5.       Sin embargo, hasta aquí, mi descripción del pragmatismo ha dejado una distinción importante fuera de consideración. Dentro de la Filosofía , ha existido una diferencia de opinión tradicional sobre la Naturaleza de la Verdad , una batalla entre los dioses y los gigantes (en palabras de Platón). Por un lado ha habido Filósofos como Platón mismo, poseedores de una enorme esperanza, fuera de este mundo. Claman estos, por que los seres humanos se empeñen en respetarse a sí mismos solo debido a que tienen un pié mas allá del espacio y el tiempo. Por el otro lado (especialmente desde que Galileo mostró como los eventos espacio-temporales pueden caer bajo una elegante ley matemática, que platón suponía solo podía sostenerse en un mundo diferente), ha habido Filósofos (e.g., Hobbes, Marx) quienes insisten en que el espacio y el tiempo conforman toda la realidad que existe y que la Verdad es una Correspondencia con esa Realidad. En el Siglo XIX, esta oposición cristalizó en una entre “la filosofía trascendental” y “la filosofía empírica”, entre “Platonistas” y “positivistas”. Tales términos eran, incluso entonces, desesperadamente vagos, aunque cada intelectual sabía aproximadamente donde se ubicaba en relación a estos dos polos. Estar del lado trascendental era pensar que la ciencia natural no tenía la última palabra (que había mas Verdad que averiguar). Estar del lado empírico era considerar que la ciencia natural (hechos sobre como funcionan las cosas espacio-temporales) era toda la Verdad que existía.

6.       Es importante darse cuenta que los filósofos empíricos (los positivistas) todavía se mantenían haciendo Filosofía. La presuposición Platónica que unía a los dioses y los gigantes, Platón con Demócrito, Kant con Mill, Husserl con Russell, es lo que el vulgo llamaría “la verdad”; el entramado de proposiciones verdaderas, mismo que ha de considerarse como dividido en una parte baja y una parte alta, en los términos de Platón, la distinción entre la mera opinión y el conocimiento genuino. Es un trabajo de los Filósofos el establecer las diferencias entre proposiciones tales como      “Ayer llovió” y “El hombre debería de ser justo en sus tratos”. Para Platón, el primer tipo de proposición era una de segunda, pistis o doxa. La segunda, si no epistémica, era al menos una candidata plausible. Para la tradición positivista que venía de Hobbes a Carnap, la primera proposición era un paradigma de cómo se vería la Verdad , mientras la segunda era o una predicción sobre los efectos causales de ciertos eventos o una “expresión emotiva”. Lo que los filósofos trascendentes consideraban como espiritual, los filósofos empíricos lo veían como emocional. Lo que los filósofos empíricos consideraban que era n logros de la ciencia natural en el descubrimiento de la naturaleza de la Realidad , los filósofos trascendentes lo veían como algo banal, verdadero pero irrelevante para la Verdad.

7.       Los pragmatistas se deslindan de esta distinción trascendente/empírica al cuestionar la presuposición común de que hay una diferencia entre tipos de verdades. Para los pragmatistas las proposiciones verdaderas no son verdaderas porque correspondan con la realidad, por lo que no hay que preocuparse acerca de qué tipo de realidad, si es que hay alguna, con la que correspondiera una proposición.

8.       Esta despreocupación condujo el desprecio de ambos tipos de Filósofos contra los pragmatistas ... quienes tratando de defenderse, afirman que uno puede ser un filósofo siendo anti-Filosófico y que la mejor manera de conjuntar las cosas, es alejarse de las discusiones entre Platónicos y positivistas.

9.       PRAGMATISMO Y FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA.- Entre los filósofos contemporáneos, usualmente el pragmatismo es considerado como un movimiento filosófico sin registro (que floreció en los primeros años del Siglo XX en una atmósfera campirana y que actualmente ha sido superado). Los grandes pragmatistas (James y Dewey) ocasionalmente son reconocidos por sus críticas al Platonismo (Dewey trabajando contra las concepciones tradicionales de la educación y James contra los pseudoproblemas metafísicos). Pero su anti-Platonismo es considerado por los filósofos analíticos como insuficientemente riguroso y por los filósofos no-analíticos como insuficientemente radical. Para la tradición que se origina en el positivismo lógico, los ataques pragmatistas contra la filosofía “trascendental” cuasi-Platónica, necesitan de mayor agudeza y de un cuidadoso y detallado análisis de ideas como “el significado” y “la verdad”. Para la tradición anti-Filosófica en el pensamiento contemporáneo Francés y Alemán, que tiene su punto de inicio con la crítica de Nietzsche a los dos brazos del pensamiento en el Siglo XIX (positivista y trascendental), los pragmatistas americanos son pensadores que nunca rompieron realmente con el positivismo y por ello, nunca rompieron realmente con la Filosofía.

10.   Yo pienso que la filosofía analítica culmina con Quine, Wittgenstein viejo, Sellars y Davidson (que es afirmar que se trasciende y cancela a sí misma). Estos pensadores, de manera exitosa y correcta, acabaron con la distinción positivista entre lo semántico y lo pragmático, lo analítico y lo sintético, lo lingüístico y lo empírico, la teoría y la observación.

11.   El holismo y el coherentismo de Davidson demuestra como se ve el lenguaje cuando llegamos a las presuposiciones centrales de la Filosofía : que las proposiciones verdaderas se dividen en una parte superior y otra parte inferior (las proposiciones que corresponden con la Realidad y aquellas que son “verdaderas” solo por cortesía o convención).

12.   Esta forma Dvidsoniana de ver el lenguaje ... nos lo muestra no como un tertium quid (puente) entre el Sujeto y el Objeto, no como un medio para tratar de hacer pinturas de la realidad, sino como parte del comportamiento de los seres humanos. En su enfoque, la actividad de expresar proposiciones es una de las cosas que hace la gente con el propósito de lidiar con su ambiente. Hasta aquí está bien la noción Deweyana del lenguaje como una herramienta. Pero debemos ser cuidadosos de no llevar esta analogía como para sugerir que podemos separar la herramienta, el Lenguaje, de sus usuarios y preguntarnos sobre su “adecuación” para lograr nuestros propósitos. Esta sugerencia presupone que hay alguna forma de separar el lenguaje con objeto de compararlo con algo mas. Pero no hay forma de pensar sobre el mundo o sobre nuestros propósitos, excepto usando nuestro lenguaje.  Podemos usar el lenguaje para criticar y hacerlo mas basto, así como podemos ejercitar nuestro cuerpo para hacerlo mas fuerte y de mayor talla, pero uno no puede ver al lenguaje como-un-todo en relación de algo mas sobre lo que se aplica o para lo que resulta un medio hacia un fin. Las artes y las ciencias, y la filosofía como su auto-reflejo e integración, constituyen ese proceso que hace mas basto y fortalece al lenguaje. Pero la Filosofía , ese intento por decir “como el lenguaje se relaciona con el mundo” al indicar lo que hace verdaderas a ciertas proposiciones o hace a ciertas actitudes y acciones buenas y racionales, es, en este enfoque, imposible.

13.   Es este intento imposible de salirnos al exterior de nuestra piel (de nuestras tradiciones, lingüísticas y de otros tipos, con las que elaboramos nuestros pensamientos y auto-críticas) y comparar nuestra naturaleza contra algo absoluto. Esta urgencia Platónica de escapar de nuestra finitud en el tiempo y en el espacio, de lo “meramente convencional” y de los aspectos contingentes de nuestras vidas, esto es lo que resulta responsable de la distinción originalmente Platónica entre dos tipos de proposiciones. Mediante su ataque de esta distinción, el brazo  “pragmaticista” holístico de la filosofía analítica, nos ha ayudado a ver cómo trabaja la urgencia metafísica (frecuente en los seguidores mareados de Whitehead y otros “realistas científicos”). Nos ha ayudado a ser escépticos acerca de la idea de que alguna ciencia particular (como la física) o algún género literario en particular (como la poesía Romántica o la filosofía trascendental) nos diga que hay alguna especie de proposiciones verdaderas que no son solo proposiciones verdaderas, sino pedazos de la Verdad misma. De hecho estas proposiciones pueden ser muy útiles , pero no habrá una explicación Filosófica de su utilidad. Esta explicación, como la justificación original de la afirmación de una proposición, será una cuestión coloquial (una comparación de la proposición de que se trate con proposiciones alternativas formuladas en el mismo o en diferentes vocabularios). Aunque tal comparación sería el trabajo de, por ejemplo, un físico o un poeta o quizá de un filósofo (no del Filósofo, el extranjero experto en la utilidad, la función o el nivel metafísico del Lenguaje o del Pensamiento).

14.   El ataque de Wittgenstein-Sellars-Quine-Davidson a la distinción entre clases de proposiciones es la contribución especial de la filosofía analítica a la insistencia anti-Platónica de la ubicuidad del lenguaje.

15.   ... (gracias al holismo y al pragmatismo de los autores que he citado) la filosofía analítica del lenguaje estuvo en la posibilidad de trascender estos motivos Kantianos y adoptar una actitud ante el lenguaje, naturalista y conductista.

16.   La pragmatización de la filosofía analítica gratificó las esperanzas del positivismo lógico, pero no de la forma que hubieran querido pues no se encontró una manera de que la Filosofía se volviera “científica”, sino que se encontró la forma de hacer a la Filosofía a un lado. Esta forma post-positivista de la filosofía analítica empezó a parecerse a la tradición Nietzsche-Heidegger-Derrida, al iniciar criticando el Platonismo y terminar criticando a la Filosofía como tal.

17.   LA REACCIÓN REALISTA (I): REALISMO TÉCNICO.- Antes de especular sobre como se vería una cultura post-Filosófica, debo dejar en claro que mi descripción de la escena actual de la Filosofía ha sido deliberadamente sobresimplificada. Hasta ahora he ignorado el lastre anti-pragmatista. La imagen que he delineado muestra como se veían las cosas hace unos 10 años, al menos, como las vería un pragmatista optimista. En la década siguiente ha habido, en ambos lados del Canal, una reacción a favor del “realismo” (término que se vuelto sinónimo de “anti-pragmatismo”). Esta reacción ha tenido 3 motivos distintivos: (1) la impresión de que los desarrollos técnicos recientes en la filosofía del lenguaje han levantado la duda acerca de la crítica pragmatista tradicional sobre la “teoría de la correspondencia para la verdad” o al menos, han hecho necesario para el pragmatista contestar algunas preguntas duras y técnicas antes de proceder adelante; (2) la sensación de que lo “profundo”, la significancia humana, del libro de texto tradicional “problemas de filosofía” se ha menospreciado, que el pragmatista ha revuelto problemas reales junto con pseudo-problemas en una orgía inconsciente de “perdición”; (3) la sospecha de que algo importante se perdería si la Filosofía , como una disciplina autónoma, desapareciera de la escena cultural (en la forma en que desapareció la teología).

18.   Este tercer motivo, el miedo de lo que pasaría si hubiera solo filosofía, pero no Filosofía (que no es simplemente la reacción defensiva de especialistas amenazados con el desempleo). Resulta una convicción que una cultura sin Filosofía sería “irracional” (que una preciada capacidad humana estaría soslayada sin uso o que una virtud central no daría mas sus ejemplos). Este motivo es compartido por muchos profesores de filosofía en Francia y Alemania y por muchos filósofos analíticos en Inglaterra y América. A los primeros les gustaría hacer algo que no fuera la “deconstrucción” permanente, repetitiva, hostorico-literaria de la “metafísica de la presencia” de Occidente, que tiene el legado de Heidegger. Los otros quisieran recapturar el espíritu de los primeros positivistas lógicos, la sensación de que la filosofía es la acumulación de “resultados” mediante un paciente, riguroso, preferentemente trabajo cooperativo, sobre  problemas definidos con precisión  (el espíritu característico del joven Wittgenstein y no del viejo).

19.   Ahora me voy a concentrar en el primero y el segundo motivo, de los que acabo de enlistar. Estos se asocian con dos tipos muy diferentes de gentes.        El primer motivo es característico de filósofos del lenguaje como Saul Kripke y Michael Dummett, el segundo con escritores menos especializados y de un rango mas amplio como Stanley Cavell y Thomas Nagel. Me referiré  como “realistas técnicos” a aquellos que llevan el enfoque de Kripke sobre la referencia, con los propósitos de una epistemología realista (Hartry Field, Richard Boyd y, a veces, Hilary Putnam).

20.   Denominaré a Cavell, Nagel (y otros como Thompson Clarke y Barry Stroud) como “realistas intuitivos”. Estos últimos objetan que la disolución pragmatista de los problemas tradicionales es un “verificacionismo”: esto es, los pragmatistas piensan que nuestra incapcidad para afirmar cual es el elemento para confirmar o desconfirmar una solución determinada de un problema, es razón para hacer el problema a un lado. Nagel nos dice que, tomar este camino es no aceptar que “los problemas irresolubles no por eso son irreales”. Los realistas intuitivos juzgan el verificacionismo por sus frutos y argumentan que la creencia pragmatista de la ubicuidad del lenguaje los lleva a la inhabilidad de reconocer que los problemas filosóficos  surgen precisamente donde el lenguaje es inadecuado ante los hechos.

21.   Al contrario, el realismo técnico considera equivocado al pragmatismo, no porque conduzca a descuidar superficialmente los problemas profundos, sino por que se basa en una falsa filosofía “verificacionista”. No les gusta el “verificacionismo”, no por sus frutos meta-filosóficos, sino porque ven esto como un malentendido de la relación entre el lenguaje y el mundo. Según ellos, Quine y Wittgenstein equivocadamente siguieron a Frege, pensando que el significado (algo determinado por las intenciones del usuario de la palabra) determina la referencia, lo que la palabra denota del mundo. Toman sus bases de la “nueva teoría de la referencia” originada en Saul Kripke.

22.   Kripke ve al mundo como ya seccionado no solo en particulares, sino en clases naturales de particulares e incluso, en caracteres esenciales y accidentales de esos particulares y esas clases. Así, la pregunta “¿Será verdad que X es f?” es contestada descubriendo a qué (como si fuera un hecho físico y no las intenciones de alguien) se refiere ‘X’ y descubriendo si f es un particular o una clase. Solo mediante tal teoría “fisicalista” de la referencia, dicen los realistas técnicos,  puede preservarse la idea de “la verdad como correspondencia con la realidad”.

23.   En contraste, el pragmatista responde a la pregunta, después de varias consideraciones            (y especialmente los propósitos de usar los términos ‘X’ y ‘f’) investigando cuándo ‘X es f’  resulta una creencia mas útil de tener que otras contradictorias o que algunas otra creencia expresada en términos diferentes. El pragmatista está de acuerdo en que si uno quiere preservar la idea de la “correspondencia con la realidad”, entonces, es necesaria una teoría fisicalista de la referencia (pero él no ve justificación para preservar tal idea). El pragmatista no concibe la verdad de manera que le lleve a entender el reclamo de que si logramos todo lo que alguna vez esperamos lograr, haciendo afirmaciones, aún seguiríamos haciendo afirmaciones falsas, que no “correspondieran” con algo. Como lo expresa Putnam: “El problema es que para un extremo anti-realista (e.g., un pragmatista) la verdad no tiene sentido, excepto como una noción intra-teórica. El anti-realista puede usar la verdad intra-teóricamente en el sentido de una “teoría de la redundancia” (como una teoría de acuerdo con la que “S sea verdadera” signifique, solo, lo que S quiera decir), pero no considera a la verdad o a la referencia, mas allá de su teoría ... En lugar de tratar de mantener la idea de verdad por la vía de un embarazoso operacionalismo ... como Dewey, puede retroceder a la noción de “afirmación garantizada” en lugar de verdad ..”

24.   Para el pragmatista, la noción de “verdad” como algo “objetivo” es solo una confusión entre (I) que el mundo es lo que es sin importar lo que pensemos sobre él (esto es, que nuestras creencias tienen un efecto causal muy limitado) y (II) hay algo ahí afuera además del mundo, llamado “la verdad acerca del mundo”.           El pragmatista, desde el fondo de su ser asienta que (I) no es un artículo de fe, pero si una creencia de la que nunca hemos tenido razón para dudar de ella y que (II) es una afirmación que no tiene ningún sentido. Mientras que el realista trata de explicar (II) con (III) que afirma que la verdad acerca del mundo consiste de una relación de “correspondencia” entre ciertas proposiciones y el mundo en sí. El pragmatista, regresando al principio, afirma, otra vez, que muchos siglos han pasado en el intento infructuoso de explicar qué es la “correspondencia”.

25.   ... el pragmatista no piensa que, cualquier cosa que haga la filosofía del lenguaje, va a traer consigo algo mas de lo que definió como verdad James.

26.   De la misma manera que el pragmatista no debe sucumbir a la tentación de capturar el contenido intuitivo de la noción de “verdad” (con todo lo que tenga esta idea y haga tentador al realismo), tampoco debe dejarse tentar por lo que dice Michael Dummett y tomar algún lado en el tema de la “bivalencia”.

27.   “Bivalencia” es la propiedad de ser, una de dos, o verdadero o falso. Dummett piensa que es una visión “realista” que en ciertas áreas (como los valores morales o los mundos posibles) sea posible contar con proposiciones bivalentes. Su manera de formular el tópico del realismo vs. el anti-realismo sugiere que el pragmatista niega la bivalencia para todas las proposiciones, el realista “extremo” la acepta para todas las proposiciones, mientras la mayoría de la gente equilibrada distingue entre proposiciones bivalentes (por ejemplo, en la física) y proposiciones no bivalentes (por ejemplo, en la moral) ... Pero, por supuesto, esta no es la imagen que tiene el pragmatista de sí mismo, pues él no se concibe como un metafísico y no entiende la idea de “estar allá afuera” (excepto en su sentido literal, que significa “en una posición en el espacio”).

28.   LA REACCIÓN REALISTA (II): REALISMO INTUITIVO.-   Lo que en verdad necesita debatirse entre el pragmatista y el realista intuitivo no es lo que respecta a nuestras intuiciones sobre si “la verdad es algo mas que la opinión acertada” ... Por supuesto que podemos tener tales intuiciones ¿cómo podríamos escapar de tenerlas? Si hemos sido educados dentro de una tradición intelectual construida sobre tales proclamaciones (de la misma forma como hemos sido educados con tradiciones intelectuales como “Si Dios no existiera, todo sería permitido”, “La dignidad del hombre se forma de sus vínculos con el orden superior” y “Hay que respetar todo lo sagrado”). Queda así la cuestión entre pragmatistas y realistas, que afirma que debemos encontrar un enfoque filosófico que “capture” estas intuiciones. Ante ello, el pragmatista nos urge para que hagamos nuestro mejor esfuerzo para impedir el tener tales intuiciones y para que desarrollemos una nueva tradición intelectual.

29.   Lo que increpa al realista intuitivo, como una ofensa a partir de esta sugestión, es que parece tan deshonesto suprimir las intuiciones, como lo sería el suprimir los datos experimentales. En la concepción que ellos tienen, la filosofía (no solo la Filosofía ) necesita hacer justicia a las intuiciones de todo mundo. De la misma forma que la justicia social es lo que traerían las instituciones cuya existencia quedaría justificada para cada ciudadano ...

30.   El pragmatista, por otro lado, piensa que la cuestión a la que se enfrenta la comunidad humana universal tendrá un planteamiento auto-destructivo si intenta preservar los elementos de cualquier tradición intelectual, todas las “profundas” intuiciones que cualquiera hubiera podido tener ... Un buen ejemplo de esta estrategia está en la forma en que Nagel quiere actualizar a Kant trayendo a cuenta un montón de problemas aparentemente sin relación, bajo la rúbrica de lo “Subjetivo-Objetivo” ...

31.   Los estados mentales conscientes pueden ser estados reales de algo, ya sean míos o de una criatura alienígena. Posiblemente el enfoque de Wittgenstein pueda acomodarse a esta intuición, pero yo no veo cómo poder hacerlo, en este momento ... De hecho Wittgenstein no puede ubicar esta intuición.

32.   Aquí es donde nos topamos con una cuestión      meta-filosófica: ¿podrá argumentarse filosóficamente la existencia de un conocimiento no-lingüístico? ...      la cuestión o es profunda o es vacía ... el pragmatista la ve como una cuestión vacía ... (en palabras de Sellars) “Toda conciencia es una cuestión lingüística”.

33.   Así que, este panorama de confrontación entre el pragmatista y el realista intuitivo acerca del estatus de las intuiciones, puede describirse como un conflicto de intuiciones sobre la importancia de las intuiciones o como la preferencia de un vocabulario sobre otro.

34.   UNA CULTURA POST-FILOSÓFICA.- Empecé diciendo que el pragmatista se negaba a aceptar la distinción Filosófica entre verdades de primera con correspondencia a la realidad y verdades de segunda, como algo que es bueno creer. Mencioné también que esto hace surgir la duda de si una cultura puede arreglárselas sola sin la Filosofía , sin el intento Platónico de escapar de lo meramente contingente y de la verdad convencional, para alcanzar la Verdad , que es algo mas que eso. En las últimas dos secciones revisé las objeciones “realistas” al pragmatismo, lo que me condujo nuevamente a mi distinción inicial entre filosofía y Filosofía. El pragmatismo rechaza la posibilidad de ir más allá de la noción de Sellars de “ver como las cosas se conjuntan” (que para el letrado intelectual de los tiempos modernos, significa ver como todos los diferentes vocabularios de las diferentes épocas y culturas, se conjuntan). Las “Intuiciones” son solo un recurso que nos conduce de la filosofía a la Filosofía.

35.   Mencioné con anterioridad ... el miedo a que desaparezca la Filosofía , lo que es justificable pues se perdería el aspecto central de la vida intelectual occidental, de la misma forma como algo central se perdió cuando las intuiciones religiosas fueron sacadas de la articulación Filosófica. Aunque fue mejor el pensamiento de la Ilustración (que las sustituyó).     El pragmatista , a su vez, está apostando a que es mejor lo que viene después de la cultura positivista y “científica” que trajo la Ilustración en su momento.

36.   El asunto está en ver si el pragmatista está en lo correcto al ser tan sanguinario, cuestión que se torna en ver si es imaginable o deseable una cultura en la que nadie o al menos ningún intelectual crea que tenemos un aspecto profundo de nuestro ser, que nos sirva como criterio para decirnos cuando estamos en contacto con la realidad, cuando tenemos la Verdad. Esta sería una cultura en donde ni el clérigo ni el físico o el poeta, se considerarían como el mas “racional” o el mas “científico” o el mas “profundo”, en comparación con el otro.

37.   Al final, semejante cultura no tendría nadie a quien llamar “el Filósofo”, quien pudiera explicar porqué y cómo ciertas áreas de la cultura gozaran de una relación especial con la realidad. Sin duda, tal cultura tendría especialistas que vieran como las cosas se conjuntan, pero se trataría de personas, quienes no tendrían “problemas” especiales que resolver, ni un “método” especial que aplicar ... ni una imagen colectiva como profesionales. Parecerían mas como los profesores de filosofía contemporáneos al estar mas interesados en la responsabilidad moral que en la prosodia ... Semejante cultura hipotética avasallaría a Platonistas y positivistas dejándolos como “decadentes”.

38.   De tal manera que la interrogante sobre si es deseable una cultura post-Filosófica puede plantearse preguntando: ¿puede alguna vez tomarse en serio la ambigüedad del lenguaje? ¿podemos contemplarnos como aquellos que encontramos la realidad solo en una descripción particular que escogemos? (como en la frase de Nelson Goodman: “hacer los mundos, en lugar de encontrarlos”).

39.   En una cultura post-Filosófica es claro que todo lo que la filosofía puede ser ... es un estudio de las ventajas y desventajas comparativas de varias formas de hablar, entre las que ha inventado nuestra raza.

40.   Mañana, después de mi muerte, algunas personas podrían decidir establecer el fascismo, mientras los demás cobarde y miserablemente se los permitieran.      En ese momento, el fascismo sería la verdad para el hombre, como también sería lo peor para nosotros. En la realidad, las cosas son como el hombre decide que sean.

 

 

 

 

Pragmatismos y relativismo:

C. S. Peirce y R. Rorty

Dr. Jaime Nubiola

Universidad de Navarra, España

 

Lo que quiero sostener en esta sesión no es nuevo ni muy original, pero sí que, al menos a mi juicio, es importante tanto para la organización de la comunidad política como para el trabajo intelectual de cada uno. Quiero defender el pluralismo epistemológico, esto es, que los problemas y las cosas tienen facetas, distintas caras, y que hay maneras diversas de pensar acerca de ellos, y quiero al mismo tiempo rechazar el escepticismo relativista y el pragmatismo vulgar con los que frecuentemente se le asocia. Pretendo persuadirles de que el rechazo del fundacionalismo cientista o del fundamentalismo ético no lleva necesariamente a un relativismo escéptico, sino que, de la mano de la mejor tradición pragmatista, es posible ensayar una vía intermedia que defiende un falibilismo sin escepticismo y un pluralismo cooperativo. Un pragmatismo pluralista sostiene -con Hilary Putnam- que no hay algo así como una versión privilegiada del hombre y del mundo que es la que la Ciencia nos ofrece, sino que las ciencias son actividades humanas cooperativas y comunicativas mediante las que los seres humanos progresamos realmente, aunque no sin titubeos ni errores, en nuestra comprensión del mundo y de nosotros mismos. Tal como veo yo las cosas, el pluralismo no relativista que defiendo no sólo es uno de los mejores resultados de la investigación científica contemporánea, sino que además es el requisito indispensable para una organización social realmente democrática.

 

Para dar cuenta de este núcleo de problemas dividiré mi exposición en tres secciones. En primer lugar, 1) trataré de presentar brevemente el pragmatismo; en segundo lugar, 2) abordaré el relativismo y su conexión con el "pragmatismo vulgar" y el denominado "neopragmatismo" propugnado por Richard Rorty; y finalmente, 3) intentaré dar cuenta de por qué el pluralismo, que es herencia del mejor pragmatismo, no es relativista.

 

1. A vueltas con el pragmatismo

 

El pragmatismo americano ha sido tratado a menudo como una peculiar tradición local, muy alejada de las corrientes de pensamiento que constituyen el centro de la reflexión filosófica occidental. Entre los filósofos europeos el pragmatismo ha sido considerado habitualmente como un "modo americano" de abordar los problemas del conocimiento y la verdad, pero, en última instancia, como algo más bien ajeno a la discusión general. Como señaló Rorty, aunque los filósofos de Europa estudien a Quine y a Davidson "tienden a quitar importancia a la sugerencia de que estos filósofos actuales compartan unas mismas perspectivas básicas con los filósofos americanos que escribieron antes del denominado giro lingüístico"1.

 

Sin embargo, de modo creciente en la última década se ha tratado de comprender el pragmatismo y la filosofía analítica como dos aspectos diferentes de una misma tradición filosófica general. Una fuente clave para el desarrollo de un estudio integrado de ambas corrientes se encuentra en Charles S. Peirce (1839-1914), el fundador del pragmatismo, que Karl-Otto Apel caracterizó como la piedra miliar de la transformación de la filosofía trascendental en filosofía analítica2. No hace mucho, von Wright escribía en este mismo sentido que Peirce "puede en efecto ser contado como otro padre fundador de la filosofía analítica, junto a Russell y Moore y la figura que está detrás, Frege"3. De esta forma, en lugar de considerar el movimiento analítico como una abrupta ruptura con el pragmatismo americano de las primeras décadas del siglo XX, resulta más certero detectar su notable afinidad4. De modo parecido, el reciente resurgimiento del pragmatismo avala también la continuidad entre ambos movimientos5: el último puede entenderse como un desarrollo o modulación del movimiento precedente. Así es posible reconocer una tradición filosófica continuada que tiene sus raíces en la obra de los pragmatistas clásicos, Peirce, James y Dewey, que florece actualmente en Quine, Putnam y Rorty, y que guarda también cierta afinidad con los trabajos de Kuhn y del último Wittgenstein6.

 

De esta forma, frente a la tesis del agotamiento de la filosofía analítica -diagnosticada en particular por deconstruccionistas y defensores del pensamiento débil- me parece que se está produciendo en el seno de esta tradición una profunda renovación de cuño pragmatista, cuyo mejor exponente es -a mi juicio- el profesor de Harvard Hilary Putnam. Frente a las dicotomías simplistas entre hechos y valores, entre hechos y teorías, entre hechos e interpretaciones, Putnam defiende con vigor y persuasión la interpenetración de todas esas conceptualizaciones con nuestros objetivos y nuestras prácticas humanas. Aun a riesgo de ser descalificado como "pensamiento blando" o de ser confundido con el relativismo escéptico, un enfoque así avala un acercamiento del pensamiento a la vida, de forma que el rigor del pensamiento analítico gane la hondura y la relevancia humanas, que son condición indispensable para su fecundidad7.

 

El corpus electrónico de la Real Academia Española, todavía en fase de construcción, contiene actualmente 239 referencias a "pragmatismo" con sus contextos de aparición en España. El término "pragmatismo" alude siempre a experiencia, pero de ordinario está ligado también a falta de principios, astucia, cinismo, o mera eficacia material. Aportaré sólo una cita: "Vivimos tiempos de conservadurismo y de derecha pura y dura pasada por la licuadora del pragmatismo"8. Como me decía un día mi maestro Alejandro Llano, el pragmatismo lo peor que tiene es el nombre. Entre otras razones, es por este desprestigio del término "pragmatismo" por lo que el "segundo" Wittgenstein que -como es sabido- evolucionó a posiciones decididamente pragmatistas, rehusó denominarse a sí mismo "pragmatista"9. El propio Charles S. Peirce en los últimos años de su vida quiso desmarcarse del marbete "pragmatismo" a causa de las malinterpretaciones a que daban lugar tanto su uso común en términos de utilitarismo como el énfasis puesto por su gran difusor William James en los efectos prácticos de las acciones. De hecho, Peirce -a pesar de ser reconocido como fundador del pragmatismo- acuñó el término "pragmaticismo" para referirse a su propio sistema filosófico, pues se trata de un nombre "suficientemente feo -escribió10- como para estar a salvo de secuestradores".

 

Para caracterizar el pragmatismo y comprender su singular atractivo, me parece que resulta muy ilustrativo para nosotros advertir que algunos de los pensadores hispánicos más destacados de la primera mitad del siglo XX se encuentran en una franca sintonía pragmatista. Tanto Ortega como Unamuno, y muy en particular Eugenio d'Ors, guardan una notoria similaridad con los temas y problemas del pragmatismo norteamericano, aunque en muchas ocasiones esa afinidad haya quedado oculta bajo la tradicional incomprensión mutua entre los Estados Unidos y el mundo hispánico11.

Quizá la identificación de algunos rasgos nucleares del pragmatismo pueda facilitar la comprensión de esta afirmación un tanto insólita. Antes de entrar en ello, resulta obligado advertir que desde sus comienzos a finales del siglo XIX el pragmatismo no es una disciplina de obediencia estricta, sino más bien una orientación general del pensamiento. Ya Arthur Lovejoy, alumno en Harvard de William James identificó en 1908 hasta trece pragmatismos distintos12, pero -acudiendo a la terminología de Wittgenstein- pienso que es posible descubrir un aire de familia entre todos ellos que lo distingue con claridad de otras familias filosóficas.       De entre esos rasgos, quiero destacar dos, que tienen un carácter central para mi exposición y que, en cierta manera, son las dos caras de una misma moneda: el anticartesianismo, con lo que supone de aproximación del pensamiento a la vida, y el falibilismo13.

 

1º) Anticartesianismo: se trata del rechazo frontal de la epistemología moderna y de sus dualismos simplistas que han distorsionado nuestra manera de comprender los problemas humanos: sujeto/objeto, razón/sensibilidad, teoría/práctica, hechos/valores, humano/divino, individuo/comunidad, yo/otros. Los filósofos pragmatistas no rehúsan emplear esos términos, pero reconocen que se tratan de simplificaciones nuestras, que a veces pueden resultar prácticas, es decir, cómodas, pero que son distinciones de razón, más que de niveles ontológicos o clases de entidades distintas. Para los pragmatistas la filosofía no es un ejercicio académico, sino que es un instrumento para la progresiva reconstrucción crítica, razonable, de la práctica diaria, del vivir. En un mundo en el que la vida diaria se encuentra a menudo del todo alejada del examen inteligente de uno mismo y de los frutos de la actividad humana, los pragmatistas piensan que una filosofía que se aparte de los genuinos problemas humanos -tal como ha hecho buena parte de la filosofía moderna- es un lujo que no podemos permitirnos.

 

"Quizá lo más importante que trato de defender -declaraba Putnam en 1992- sea la idea de que los aspectos teóricos y prácticos de la filosofía dependen unos de otros. Dewey escribió en The Need of a Recovery of Philosophy que 'la filosofía se recupera a sí misma cuando cesa de ser un recurso para ocuparse de los problemas de los filósofos y se convierte en un método, cultivado por filósofos, para ocuparse de los problemas de los hombres'. Pienso que los problemas de los filósofos y los problemas de los hombres y las mujeres reales están conectados, y que es parte de la tarea de una filosofía responsable extraer esa conexión"14.

2º) Falibilismo y pluralismo: El falibilismo es el reconocimiento de que una característica irreductible del conocimiento humano es su falibilidad: Errare hominum est.  La búsqueda de certezas incorregibles característica de la modernidad es un desvarío de la razón. Para el pragmatista la búsqueda de fundamentos inconmovibles para el saber humano, típica de la modernidad, ha de ser reemplazada por una aproximación experiencial y multidisciplinar, que puede parecer más modesta, pero que muy probablemente sea a la larga más eficaz. El pragmatista no renuncia a la verdad, sino que aspira a descubrirla, a forjarla, sometiendo el propio parecer al contraste empírico y a la discusión con los iguales. El pragmatista sabe que el conocimiento es una actividad humana, llevada a cabo por seres humanos, y que por tanto siempre puede ser corregido, mejorado y aumentado.    El falibilismo no es una táctica, sino que es más bien un resultado del método científico ganado históricamente.

 

El falibilismo es siempre intrínsecamente social: como destaca Peirce, el investigador forma siempre parte de una comunidad expandida en el espacio y en el tiempo a la que contribuye con sus aciertos e incluso con sus fracasos, pues estos sirven a otros para llegar más lejos que él hasta completar el asalto de la ciudadela de la verdad trepando sobre los cadáveres de las teorías y experiencias fallidas (CP 6.3, 1898)15. De esta forma se ve claro cómo el falibilismo está ligado al pluralismo, pues -como todos sabemos bien- la experiencia humana acontece siempre de un modo plural. No encontramos la experiencia en abstracto, sino experiencias encarnadas. El pragmatismo es una filosofía que de salida reconoce esas diferencias y busca su articulación inteligente.

 

2. El relativismo como pragmatismo vulgar

 

Esto que acabo de describir a grandes trazos es el corazón de la tradición pragmatista, pero -siguiendo a Susan Haack- pueden distinguirse desde sus comienzos dos estilos de pragmatismo radicalmente diferentes que dan razón quizá de sus manifestaciones tan diversas: el pragmatismo reformista y el pragmatismo revolucionario. Mientras el primero reconoce la legitimidad de las cuestiones tradicionales vinculadas a la verdad de nuestras prácticas cognitivas y trata de reconstruir la filosofía, el segundo, abandona las nociones de objetividad y de verdad, renuncia a la filosofía como búsqueda y simplemente aspira a continuar la conversación de la humanidad16.

 

Todos los que me escuchan habrán reconocido ya en esta expresión que estoy aludiendo a Richard Rorty, cuyo libro   La filosofía y el espejo de la naturaleza de 1979 fue tan revolucionario en el seno de la tradición analítica como lo había sido La estructura de las revoluciones científicas de Thomas Kuhn en el ámbito de la filosofía de la ciencia positivista. En aquel memorable libro, Rorty, que en 1967 había editado la antología canónica analítica The Linguistic Turn, acusaba a sus colegas de profesión de permanecer todavía sometidos al sueño platónico de encontrar el verdadero lenguaje en el que la naturaleza estaba supuestamente escrita y de tener además la arrogancia de imponer a los demás su lenguaje preferido bajo la forma de la filosofía oficial con pretensiones de verdad universal. Rorty culminaba su exposición defendiendo la disolución de la filosofía académica en las diversas formas de conversación de la humanidad, en el arte, en la literatura y demás17.

 

No es posible hacer aquí un estudio detenido de la posición de Rorty, pero basta quizá con lo dicho para señalar que el rechazo de la búsqueda de la verdad bajo la acusación de que eso no es más que un sueño dogmático cientista y la simultánea apelación a John Dewey y al pragmatismo clásico en apoyo de esa posición, es una total tergiversación de la tradición pragmatista. Por eso, no es desacertado -como hace Haack- calificar al pragmatismo de Rorty como "pragmatismo vulgar"18. Para nuestros efectos, lo que realmente es importante es registrar que el pragmatismo literario postfilosófico que defiende Rorty aspira sólo a "continuar la conversación", declara que "verdadero" viene a significar aproximadamente "lo que puedes defender frente a cualquiera que se presente", y que "racionalidad" no es más que "respeto para las opiniones de quienes están alrededor"19.

 

Si tomamos en serio los pronunciamientos más radicales de Rorty -estoy parafraseando a Haack20-, su posición llega a ser la de que las ciencias no presentan verdades objetivas sobre el mundo. "¿En qué difiere el tener conocimiento del hacer poemas o del contar historias?", se pregunta retóricamente. "La ciencia como la fuente de la 'verdad' -escribe en Consequences of Pragmatism- es una de las nociones cartesianas que se desvanecerán cuando se desvanezca el ideal de 'filosofía como ciencia estricta'"21. Lo que hacen los científicos es simplemente presentar teorías inconmensurables y eso constituye su conversación, del mismo modo que los géneros y producciones literarias sucesivas constituyen la conversación literaria.

 

En cierto sentido, podemos decir que el relativismo de Rorty es más consecuente, o lo es hasta sus últimas consecuencias, que la mayor parte de nuestros conciudadanos.            Todos advertimos con claridad que nos encontramos en una sociedad que vive en una amalgama imposible de un supuesto fundamentalismo cientista acerca de los hechos y de un escepticismo generalizado acerca de los valores. Se trata de una mezcolanza de una ingenua confianza en la Ciencia con mayúscula y de aquel relativismo perspectivista que expresó tan bien el poeta Campoamor con su "nada hay verdad ni mentira; todo es según el color del cristal con que se mira"22. Para ilustrar esto basta con hojear cualquier periódico o comprobar cómo sigue repitiéndose a los alumnos de periodismo que han de distinguir entre información y opinión, entre hechos y valoraciones, o escuchar a los políticos que aseguran que las opiniones son libres o que todas merecen el mismo respeto.

 

Hablar de la verdad, así sin adjetivos, o decir que quienes nos dedicamos a la filosofía buscamos la verdad comienza a ser considerado no sólo una ingenuidad, sino simplemente como algo de mal gusto: "¡Será, en todo caso, la verdad para ti, pero no creerás tú en unas verdades absolutas!". Como acabo de decir, la mayoría de nuestros conciudadanos son fundamentalistas en lo que se refiere a la física, a las ciencias naturales o incluso a la medicina, pero en cambio son del todo relativistas en lo que concierne a muchas cuestiones éticas. Lo peor es que este relativismo ético es presentado a menudo como un prerrequisito indispensable para una convivencia democrática, sea a nivel local o a escala internacional. Un relativista consecuente piensa que simplemente hay unas prácticas que ellos consideran correctas (o racionales), y otras que nosotros consideramos correctas, hay cosas que "pasan por verdaderas" entre ellos y otras que son así consideradas entre nosotros, pero ni siquiera tiene sentido la discusión, la confrontación entre prácticas divergentes, pues no hay criterios para poder decidir qué conductas son mejores que otras23.

 

Aunque sea cómodo para quien detenta el poder mantener una separación así entre ciencia y valores, tengo para mí que una escisión tan grande entre lo fáctico y lo normativo resulta a la postre insoportable. A mi entender, los seres humanos anhelamos una razonable integración de las diversas facetas de las cosas; la contradicción flagrante desquicia nuestra razón, hace saltar las bisagras de nuestros razonamientos y bloquea a la postre el diálogo y la comunicación. Del hecho de que las personas o los pueblos tengan opiniones diferentes sobre una materia no puede inferirse que no haya verdad alguna sobre dicha materia.

 

La clave para comprender la posición de Rorty se encuentra -a mi modo de ver- en su defensa a ultranza del individualismo y de la privacidad, frente a los valores comunitarios y de reformismo social y científico del pragmatismo clásico. Por eso suele denominarse su posición como "pragmatismo romántico" o más a menudo como "neopragmatismo"24. Rorty tiene una concepción de la cultura política muy diferente a la de los pragmatistas clásicos. Para estos, lo público y lo privado están interpenetrados, y no tiene sentido tratar de separarlos. Por el contrario, "Rorty -escribe Cotkin- dibuja una Línea Maginot entre los ámbitos público y privado.     Para Rorty, la subjetividad (selfhood), en cuanto un proceso creativo continuo, es donde se encuentra la acción, mientras que el ejercicio público de la política es asignado complacientemente a los supuestos de un tibio liberalismo tradicional. Así, Rorty mantiene que 'dentro de nuestra cultura crecientemente ironista, la filosofía se ha tornado más importante para la prosecución de la perfección privada que para cualquier tarea social'"25. Nada podía estar más lejos de la tradición pragmatista clásica.

 

 

 

3. El pluralismo, herencia del mejor pragmatismo

 

Esta imagen rortyana del final de la filosofía como búsqueda de la verdad no es la única descripción posible en nuestra cultura. El giro pragmatista de la filosofía analítica que se ha producido en la última década es probablemente capaz de hacer frente tanto a ese relativismo escéptico como a las acusaciones de escolasticismo estéril que han arreciado en estos últimos años, pues abarca tanto la aspiración a una visión integral de la realidad como la comprensión del carácter esencialmente comunicativo y conversacional del lenguaje. Por una parte, esto supone dar la razón a Rorty en contra del cientismo todavía dominante y tratar de reinsertar de nuevo a la filosofía entre las humanidades con todo lo que eso implica, pero, de otra parte, supone también quitar la razón a Rorty cuando sostiene que eso implica tener que renunciar a la verdad.

La filosofía analítica puso gran empeño en reprimir sus diferencias respecto de la ciencia para no parecer una disciplina humanística, sino más bien algo así como una ampliación de la ciencia o una explicación del conocimiento científico26. La reinserción de la filosofía entre las humanidades supone la necesidad de plantearse de nuevo la pregunta acerca de cuáles son sus aspiraciones y cuál es la mejor manera de alcanzarlas. En este sentido, el papel de la filosofía en este nuevo siglo pende de que quienes se dediquen a ella logren aunar en un mismo campo de actividad intelectual el rigor lógico y la relevancia humana, que durante décadas constituyeron los rasgos distintivos de dos modos opuestos de concebir la filosofía. Articular el rigor de la filosofía académica con los más profundos anhelos de los seres humanos viene a ser lograr una genuina forma de vida filosófica en la que se articulen la confianza en la capacidad de nuestra razón y el simultáneo reconocimiento de sus flaquezas y límites.

 

Precisamente, la intuición central de John Dewey es que las cuestiones éticas y sociales no han de quedar sustraídas a la razón humana para ser transferidas a instancias religiosas o a otras autoridades. La aplicación de la inteligencia a los problemas morales es en sí misma una obligación moral27.    La misma razón humana que con tanto éxito se ha aplicado en las más diversas ramas científicas se ha de aplicar también a arrojar luz sobre los problemas morales y sobre la mejor manera de organizar la convivencia social. De la misma manera que el trabajo cooperativo de los científicos a lo largo de sucesivas generaciones ha logrado un formidable dominio de las fuerzas de la naturaleza, un descubrimiento de sus leyes básicas y un prodigioso desarrollo tecnológico, cabe esperar que la aplicación de la razón humana a las cuestiones éticas y sociales producirá resultados semejantes. A fin de cuentas, nuestras creencias morales y nuestras creencias científicas son artefactos creados por los seres humanos para habérnoslas con nuestros problemas y necesidades vitales.

 

La afirmación que acabo de realizar no significa que la verdad sea simplemente cuestión de lo que los compañeros de mi cultura, científicos y filósofos, crean28. Por el contrario, lo que Peirce sostiene es que lo real es precisamente aquello independiente de lo que nosotros o una mente cualquiera pueda pensar. Si dispusiéramos de todo el tiempo del mundo y de todas las evidencias necesarias, la verdad sería aquella opinión a la que finalmente llegaríamos todos los investigadores. No es la verdad fruto del consenso, sino que más bien es el consenso el fruto de la verdad.

La objetividad de la verdad está maclada con el carácter público del pensamiento, con el carácter solidario, social, del lenguaje y con el carácter razonable de la realidad.